Antonio Juez

Artista singular, de poliédrica personalidad, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz, diseñador de jardines de la ciudad, escritor, periodista, ilustrador, decorador y pintor, autodidacta, místico, culto, refinado, afeminado, elegante, de delicados modales, religioso, pecador, pensador, singular y chocante con el entorno.

ANTONIO JUEZ NIETO nació en Badajoz el 7 de marzo de 1893, fue hijo del húrgales Primitivo Juez Pérez y de la pacense Vicenta Nieto Martínez; Juez creció dentro de esta familia de clase media junto a su hermano, Ricardo, en la casa de sus padres en la calle Vicente Barrantes, n° 16. Los últimos restos de su herencia pasaron primero a su compañero sentimental el portugués David María da Silva y, a la muerte de éste, a sus herederos.


Juez fue un hombre refinado, elegante en el vestir, exquisito en el trato y en la conversación, sensible, contradictorio, homosexual, culto, bibliófilo, asiduo visitante de pinacotecas importantes y autodidacta.

Desde finales de 1922 colaboró como periodista en el Nuevo Diario, más tarde lo hizo también en La Libertad y en el Noticiero Extremeño. En estos periódicos pueden encontrarse escritos sobre sus ideas políticas conservadoras, que le permitieron posteriormente seguir participando en los medios de comunicación franquistas e impartir, por ejemplo, charlas en Radio Extremadura entre los años 1936 y 1938.

Fue profesor de Colorido y de Composición de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz desde 1928. Entre sus alumnos se pueden citar a Eva Callejo García, Manuel Fernández Mejías, Fernández Torrado, Josefina Blanco, etc. Aunque no creó escuela los alumnos que más colaboraron con él en algunos pergaminos y otras obras fueron Cecilio García Meneses y sobre todo Francisco Martínez Ordóñez.


Juez fue un personaje que se formó a sí mismo no sólo en los pinceles sino también en las letras, de sus continuas y muy diversas lecturas brotó otra faceta de este polifacético personaje, la cual nos dejó un interesante ramillete de publicaciones. De su perfil de escritor se conocen algunos de los libros que escribió: Luis de Morales, el Divino. Homenaje de admiración y amor a su vida y su obra (1925), se trata de una glosa de la vida y la obra del pintor universal con intención divulgativa; Cerebro y Corazón (1936), que es un librito de pensamientos; Aldabadas (1944), libro de poesías; La guarida de la bestia, novela documentada y no localizada; Soy un pobre peregrino, obra de teatro publicada en 1947 y no representada. Juez realizó otras incursiones en el teatro, ya como actor, ya como director de un grupo de aficionados del Liceo de Artesanos de Badajoz.

Su obra literaria más densa la tituló Por nuestros caminos. Historia ingenua de dos almas felices (1951), es un libro de viajes con carácter autobiográfico.

Aunque intuimos que la obra literaria y periodística de Antonio Juez fue más amplia, anotamos que publicó también una colección de folletos denominada Al servicio de España, de los cuales conocemos hasta cuatro, que fueron las citadas charlas exaltadoras del régimen franquista, pronunciadas en "Radio Extremadura" entre los años 1936 y 1938. Como articulista fueron numerosos los escritos de prosa barroquista publicados en el periódico El Correo de Extremadura.


Desde 1917 Antonio Juez, siguiendo una práctica bastante frecuente en la época, que consistía en colaborar en trabajos de ilustración de novelas y de revistas, participó en la ilustración de las revistas madrileñas La Esfera y Mundo Gráfico, no en Blanco y Negro, aunque lo intentó; y en la revista parisina Gazette du Bon Ton. Entre los años 1923 y 1927 ilustró novelas eróticas de su amigo Álvaro Retana (1890-1970), escritor libertino y bisexual, y de Antonio de Hoyos y Vinent (18854940), también escritor, aristócrata e inmoral. Eran novelas cortas, con una periodicidad semanal o quincenal, pertenecientes a colecciones como la titulada La novela de hoy y que se entregaban por suscripción. Fueron publicaciones baratas, de escaso interés literario, atrevidas para la época, en las que se relataban sucesos frívolos, picantes, amoríos escandalosos, situaciones semieróticas, etc. en ambientes refinados, sensuales, aristocráticos y burgueses.

Otros trabajos de ilustración fueron la cubierta del librrf titulado La zarpa de la Esfinge, de 1918, sobre la figura de Tórtola de Valencia, escrita por su amigo Antonio de Hoyos y la portada de la novela La vida intensa de Salvador Trevijano, publicada en 1924. Juez ilustró también algunos carteles -no se conservan ninguno- sobre las fiestas de la ciudad de Badajoz

A su faceta de ilustrador pueden añadirse otros trabajos de Antonio Juez como las Orlas Honoríficas, que son pergaminos con un texto en el que se refiere el personaje y los motivos que le hacen merecedor del galardón o distinción; el texto va siempre acompañado de una cenefa u orla de finos dibujos con ricos colores, a veces se incluyen también algunas pinturas que pueden ser un retrato del homenajeado, un paisaje u otro motivo. Algunas de estas Orlas las elaboró Antonio Juez en colaboración con Adelardo Covarsí, como las del Ayuntamiento de Alburquerque o la que posee el Museo de Bellas Artes, dedicada a Narciso Vázquez Lemus, médico y diputado provincial, benefactor del Museo de Bellas Artes. En este quehacer colaboraron también algunos discípulos suyos más directos como Francisco Martínez Ordóñez.


El jardinero de Badajoz
En 1948 fue nombrado por el Ayuntamiento de Badajoz Jefe de Parques y Jardines. El nombramiento, a propuesta de amigos influyentes de Badajoz, venía forzado porque Juez tuvo que dejar la pintura a causa de la alergia que le producían los cobaltos. En sus diseños de jardines contó siempre su gran sensibilidad y su admiración por los jardines portugueses y los sevillanos. A él se debe el diseño de algunos de los jardines más bellos de la ciudad como los del Parque Infantil o del Auditorio, los jardines situados en el entorno de Puerta Pilar y Puerta Trinidad, los del Parque de la Legión y la ladera de la Alcazaba, y las remodelaciones de los parques de Castelar, del Paseo de San Francisco y de la Plaza de Minayo. Su trabajo fue reconocido internacionalmente con el nombramiento de miembro de la I.F.L.A. (Federación Internacional de Arquitectos de Paisajes) en 1959, con tal motivo la revista "Gévora" le homenajeó dedicándole un número monográfico en octubre de 1961.

Otra manifestación de su polifacetismo artístico fueron los trabajos con materiales textiles, en los que le instruyó su amada madre desde pequeño y entre los que destacaron el tapiz con las armas de Badajoz, que pertenece al Ayuntamiento, y su participación en un estandarte procesional, propiedad del convento de las Descalzas de Badajoz.

Como pintor Antonio Juez practicó varias técnicas, el óleo, la acuarela, el guache, la tinta china y la tinta aguada.

Su actividad expositiva fue siempre elogiada por la crítica y no incluye ninguna participación en las Exposiciones Naciones de Bellas Artes, a las que no concurrió nunca. Su obra la dio a conocer públicamente por primera vez en Badajoz en la VII Exposición Provincial celebrada en 1916 en el Ateneo pacense donde obtuvo Primera Medalla con sus dibujos. En 1917 celebró su primera exposición individual en el Ateneo donde presentó 17 obras. Participó en las Exposiciones organizadas por el Ateneo de Badajoz en 1919 (VIII Edición de la Exposición de Arte Regional) y 1921. En 1923 expuso en París. Al año siguiente participó en la I Exposición Regional de Arte Extremeño celebrada en Cáceres y en 1925 en la I Exposición de Arte Regional celebrada en Almendralejo. En 1927 se celebró la Exposición de Artistas Extremeños de Sevilla como anticipó de la Gran Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, a partir de esta importante muestra la presencia de Juez en las exposiciones se redujo drásticamente. Después de la guerra civil expuso ocasionalmente en Badajoz dos veces en el Casino, en los años 1944 y 1947. Se sabe que cuando murió estaba preparando una exposición conjunta con su alumno predilecto Francisco Martínez Ordóñez.

Juez se sintió influenciado por pintores clásicos como Boticelli, Durero y Holbein en la concepción del dibujo; por los pintores de la escuela veneciana del Renacimiento y por los flamencos del Barroco en el uso del color. Y por otros pintores modernos como Gustave Moreau y los dibujantes Bujados y el inglés Aubrey Beardsley. Su estética estuvo tan distante de la pintura costumbrista extremeña, que triunfaba por entonces en Extremadura, como de las nuevas vanguardias con las que estuvo abiertamente en contra, especialmente del cubismo.

Desde principio de la década de los cincuenta Juez se apartó progresivamente de la vida pública en su ciudad, pese a los éxitos profesionales y al prestigio alcanzados; especialmente desde que su querida madre desapareció y quedó sumido en una profunda tristeza y soledad. Antonio Juez murió el 25 de septiembre de 1963.

Juez fue, sobre todo, un excelente dibujante de líneas sinuosas y serpenteantes, maestro singular del color, con gran sentido decorativo e ilustrador; sus personajes son elegantes, sofisticados, aristocráticos, fantásticos y sensuales; gustó de los temas exóticos, orientales, quiméricos, simbólicos, misteriosos y femeninos. Su pintura se caracteriza por el detallismo de todos los elementos del cuadro, sus composiciones suelen ser con frecuencia abigarradas, preciosistas, minuciosas y de fuerte impacto cromático. Las alusiones al amor y a la muerte son frecuentes en su pintura, cargada de simbología, reiterativos resultan la presencia de ciertos símbolos como la serpiente (tentación), la calavera (muerte), el buho (alusión también a la muerte), el reloj (paso de la vida), la rosa (pasión), las perlas (fortuna), etc.


Es difícil establecer una clasificación temática de la obra actualmente catalogada de Juez, la cual, por otra parte, no es muy extensa. Sin duda, un tema preferido de Juez es el femenino, la mujer que le inspira es la mujer fatal, la "Nueva Eva", emancipada de la autoridad del varón, burguesa y acomodada, transgresora de la norma establecida, seductora, perversa, provocadora, sensual, fría y calculadora. Estos tipos femeninos son los que Juez desarrolló en los cinco grandes lienzos apaisados que pintó entre 1936 y 1937 para decorar los almacenes de La Giralda. En Bael Kiss o La Reina de Saba se representa a la mujer tentadora de la Biblia; en Cleopatra se representa a la mujer de la historia, a la pecadora reina del decadente imperio egipcio, a uno de los primeros precedentes de la mujer fatal; en Haru - ko o La princesa primavera Juez nos remite a la mujer oriental de una civilización tan exótica como la japonesa, representando a una geisha en una casa de té. En el lienzo titulado Carmen el pintor representa a otro tipo de mujer, ahora sacado del mundo literario y operístico, es la Carmen gitana de la novela de Mérimée y la de la ópera de Bizet. En el último de los cinco lienzos de La Giralda, El nacimiento de Venus, Juez acude a la mujer de la Mitología, Venus, la diosa del amor.



Juez interpretó a otras mujeres fatales de la Biblia (Salomé danza esta noche. 1917). En relación con este tipo de mujer está también la que se representa en El Pecado (1928). Como contrapunto a la representación de la mujer fatal existe en la producción pictórica de Juez, aunque con menor frecuencia, la antítesis de la misma en la mujer casta, virgen, sumisa y espiritual.

El tema de La Muerte resulta recurrente en la historia general del Arte y en la producción tanto literaria como pictórica de Antonio Juez. Es una constante en su vida desde el tríptico Nuestras Señoras de la Tristeza (1917) -antes titulado incorrectamente La Muerte-, La letanía de Satanás (1919), el tríptico Letanía Víate (1921-1922), El Pecado (1928), La Dueña (1932), Alegoría de la Guerra Civil (1932) -antes titulado incorrectamente Boceto-, La novia del torero (1944), hasta ya anciano, en que se hizo retratar en un busto hecho por José Sánchez Silva en 1957 con la imagen de la muerte en la paleta de pintor mediante un cráneo.

Los temas orientales tan de moda desde el romanticismo son retomados por los pintores simbolistas y utilizados como vías de escape, como evasión ante el inconformismo imperante en y con la sociedad occidental finisecular. En este ambiente oriental se enmarca el lienzo de Antonio Juez titulado Heliogábalo (1926), que hace referencia a una escena del Imperio Romano de Oriente. Otras obras de Juez se relacionan con el mundo del Imperio del Sol Naciente, con escenas japonesas, son La fiesta del almendro florido (1920), el citado lienzo para los almacenes La Giralda titulado Haru ko. La princesa primavera. Al oriente islámico evoca la obra Alegoría de la Farmacia I (1924).

Otro grupo de obras de Juez pueden calificarse de Alegorías, entendidas éstas como representaciones simbólicas que traducen las ideas del pintor sobre un tema o asunto. Hay una diferencia entre las alegorías pintadas antes de la guerra civil y las posteriores, al primer grupo pertenecen el hermoso tríptico Letana Vitae (1921-1922), visión simbólica de la vida y la muerte en tres planos (El Nacimiento, El camino, El término) y las que pintó en 1924 para la farmacia Goyeneche, tituladas precisamente Alegoría de la Farmacia I y //. En la exposición se incluyen también otras alegorías de este primer periodo como El Pecado (1928) y La novia del torero (1944). A las alegorías posteriores a la guerra civil, corresponde los dos magníficos trípticos exaltadores de la ideología franquista de postguerra titulados La Oración de España. Una, Grande y Libre (1941-1943) y el tríptico Extremadura. La Raza (1944-1947). En relación con estas obras está el tapiz del Ayuntamiento con las armas de Badajoz, (1925), pues simboliza las glorias de Extremadura.

Al tema religioso pertenecen dos cuadros de la exposición, La Oración en el Huerto (1922) y el original lienzo de La Anunciación (1918), en el que Juez sigue una iconografía algo heterodoxa al representar al Arcángel San Gabriel semidesnudo, portando los símbolos de pureza que corresponden a María y dominando la composición con provocadora indeterminación sexual. Un tercer cuadro titulado Las tres Marías, que se expuso en Badajoz en 1917, no ha podido localizarse.

Algunos cuadros de Juez se pueden clasificar en más de una denominación, así, el lienzo para los almacenes La Giralda titulado El Nacimiento de Venus se ha relacionado con el tema de la mujer fatal, pero, es indudable su inspiración en la mitología. El cuadro del Museo titulado El Sueño de Narciso (1920) debe incluirse también en esta temática mitológica. Narciso, hijo de Cefiso y de la ninfa Liríope, estaba tan enamorado de su propia belleza que rehusó el amor de la ninfa Eco, los dioses castigaron con la muerte este deseo de quererse a sí mismo.

El paisaje no fue genero preferido de nuestro pintor, sin embargo, conocemos su interpretación del mismo en los fondos de algunos cuadros y de sus ilustraciones de novelas. Son paisajes con claros resabios románticos, modernistas y propicios para los juegos de amor, así puede contemplarse en las ilustraciones de las novelas que se exponen y en los cuadros titulados La Dueña, La maja apasionada y La Musa del Nocturno.

Juez cultivó poco el retrato, aunque siempre fue una fuente de recursos segura para los pintores. Se le conocen los dos que realizó a Tórtola de Valencia, el que la representa bailando y fechado en 1916 pertenece al Museo de Bellas Artes de Badajoz. En la exposición aparece también un provocador autorretrato, que es un guache no firmado y fechado en 1924, en el que Juez aparece vestido de mujer fatal.


En los retratos que se conocen de Antonio Juez es donde su condición de homosexual se advierte de forma más clara, no sólo en el autorretrato citado, sino también en el retrato que le hizo Femando Moreno Márquez, que es de un tono exageradamente afectado. El mejor retrato de Juez, que también traduce fina y sutilmente su condición de homosexual, es el que le hizo su colega y compañero de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz, Adelardo Covarsí. Otras representaciones de Juez son el retrato que le pintó Moisés Nuñez y el busto que le hizo José Sánchez Silva en 1957, que le representa ya mayor, como pintor con su paleta, en la que aparece el símbolo de la muerte mediante una calavera.

Entre otros temas podrían incluirse la escena de sabor medieval de dos elegantes damas representadas en el espléndido guache titulado Altivas castellanas o los ambientes aristocráticos y galantes representados en los dos dibujos -de los diez que constituyen la serie- titulados Escenas de Ver salles.

Antonio Juez representa en el panorama de la pintura extremeña de la primera mitad del siglo XX la asimilación de un modernismo tardío, que se aparta radicalmente de la obra de sus contemporáneos y que en el caso de nuestro pintor se muestra con una clara tendencia hacia el simbolismo. Nada tiene que ver la obra de Antonio Juez con el costumbrismo tan presente en la pintura extremeña que abanderan la trilogía constituida por Hermoso, Covarsí y Pérez Jiménez. Tampoco miró Juez hacia las vanguardias artísticas de su tiempo, las cuales conocía y detestaba, especialmente la opción cubista. La plástica de Juez no tuvo precedentes en Extremadura, tampoco logró transmitir su estética a ninguno de sus contemporáneos o a sus discípulos de la Escuela de Arte y Oficios de Badajoz, a excepción de su alumno predilecto Francisco Martínez Ordoñez y a Cecilio García Meneses.

Fiel a sus convicciones plásticas no evolucionó y desarrolló su talento artístico de forma brillante y aislada.


FUENTE: Román Hernández Nieves. Catálogo Exposición. Diputaciòn de Badajoz.

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Gustave Moreau