Un oficial de 25 años, Harry Smith, atiende a las jóvenes conmovido ante su presencia.Juanita Smith
Un oficial de 25 años, Harry Smith, atiende a las jóvenes conmovido ante su presencia.O Cemitério dos Ingleses (Elvas)
O cemitério situa-se no baluarte de S. João de Corujeira, ao alto na muralha Leste e num plano inferior perto do Castelo dominando a paisagem com uma vista magnífica até Badajoz. O nome do baluarte vem da ermida do mesmo nome inscrita nas muralhas. A ermida foi fundada em 1228 pelos frades da Ordem dos Hospitalários, quase inteiramente demolida por um tremor de terra, foi reedificada nos séculos XVIII e XIX.
O cemitério contém cinco sepulturas:
O Major General Daniel Hoghton, que foi morto à cabeça da sua brigada na Batalha de Albuera, no dia 16 de Maio de 1811, tendo à data 41 anos de idade sendo o filho mais novo do outrora Membro de Parlamento para a cidade de Preston, Sir Henry Hoghton (Baronet) originário de Hoghton Tower.
O Capitão Ramsden, ajudante do General Hoghton.
Os Generais Beresford e Stewart, fundamentando-se no Tratado Anglo-Luso de 1654,
solicitaram ao Governador de Elvas para enterrar o General Hoghton naquele local.
O Tenente-Coronel Daniel White comandava o 29.º Regimento (The Worcestershire Regiment) da brigada do General Hoghton na batalha de Albuera. Faleceu em Elvas no dia 3 de Junho de 1811 de ferimentos recebidos naquela batalha. A sua lápide só foi colocada em 2003 após a descoberta do seu óbituário no Gentleman’s Magazine.
O Tenente-Coronel James Ward Oliver era um Capitão no 4.º Regimento de Infantaria (agora chamado The King’s Own Royal Border Regiment) até 1809, quando foi promovido a Major no Estado-Maior do Exercito e em seguida a Tenente-Coronel, comandante do 14.º Regimento de Infantaria Portuguesa. Comandou este batalhão na batalha de Albuera, bem como o segundo assédio de Badajoz onde recebeu ferimentos dos quais veio a falecer em Elvas em 17 de Junho de 1811. Teve uma carreira longa e activa, servindo na América, nos Países Baixos, em Hanôver, em Copenhaga, na Corunha, na Suécia e em Portugal. Foi capturado pelos franceses quando regressava da América mas escapou da prisão em Orleães.
O Major William Nicholas Bull faleceu em Monforte em 14 de Fevereiro 1850 com 50 anos de idade. Na altura da batalha de Albuera era um rapaz de dez anos. Ele serviu nos 20.º e 21.º batalhões do 2.º Regimento da Brigada Real da Marinha. Temos uma cópia duma carta dele de Maio de 1833 arrependendo-se de sua demissão recente e pedindo readmissão no seu grau original de Tenente.
Caroline Bull que morreu em 28 de Junho de 1863 era, presumivelmente, a esposa de Major William Bull.
A área das sepulturas é circundada por uma elegante grade de ferro que ali foi colocada em 20 de Agosto de 1904, pelo Governador da Praça de Elvas (G.P.E.), o General da Brigad (posteriormente, de Divisão) João Carlos Rodrigues da Costa. Uma pequena lápide gravada com a inscrição “G.P.E. 20-8-1904” regista este acto.
Existem ainda várias Lápides Memoriais, ali colocadas a 14 de Maio de 2000, pelo embaixador britânico, Sir John Holmes e o chefe do Estado-Maior do Exército, o General Martins Barrento, como testemunho comemorativo dos regimentos britânicos e portugueses que lutaram nestas batalhas. A colocação das placas, a remodelação do cemitério e a cerimónia foram obra do exército português. A manutenção do mesmo permanece nas mãos dos “Amigos do Cemitério dos Ingleses”.
Em 14 de Maio de 2004, o General Fulgencio Coll Bucher, Comandante da Brigada Mecanizada XI - Extremadura, descerrou uma lápide em honra dos regimentos espanhóis que lutaram em Albuera, na presença da Embaixadora Britânica, Dame Glynne Evans.
Durante muitos anos o cemitério situava-se dentro da zona militar e o acesso era extremamente difícil, hoje em dia está entregue a sua manutenção do cemitério à Associação Amigos do Cemitério dos Ingleses, formada por cidadãos britânicos residentes no Concelho. São também responsáveis pela Capela S. João, anexa a este cemitério.
FUENTE: ZE DE MELLO
La Batalla de La Albuera (1811)
Las fuerzas anglo-portuguesas quedaron al mando del mariscal Sir William Beresford; las fuerzas españolas estuvieron bajo el mando del general Joaquín Blake. El encuentro acabó sin una victoria clara para ninguno de los dos bandos después de una lucha sangrienta, aunque generalmente se acepta como una victoria táctica del ejército anglo-hispano-portugués. Los datos de combatientes y de bajas aún son discutidos.
Trasfondo
Wellington pasó el invierno de 1810-1811 manteniendo la línea de fortificaciones de Torres Vedras que protegían Lisboa. Las tropas francesas bajo el mando de André Masséna invernaron frente a esta líneas, mostrándose incapaces de tomarlas al asalto y de incluso autoabastecerse, por lo que, en marzo de 1811 Masséna reconoció lo insostenible de su situación y puso rumbo a la frontera española, hacia la fortaleza de Ciudad Rodrigo, punto estratégico en el camino desde España hacia Portugal por Salamanca. Masséna dejó una pequeña fuerza de guarnición en la fortaleza portuguesa de Almeida. La combinación del duro invierno en Torres Vedras, las privaciones y la apresurada retirada destruyeron prácticamente la capacidad combativa del ejército de Massena.
Al sur del río Tajo, la fortaleza portuguesa de Elvas y la española de Badajoz se asentaban sobre la ruta principal de Portugal a Madrid. Las operaciones francesas en esta área estaban bajo la responsabilidad de Soult, el cual también permanecía ocupado en otras partes. En enero de 1811 Soult aligeró las fuerzas ocupadas en el sur de la península para disponer de una fuerza mayor con la que dirigirse a Badajoz, que cayó el 10 de marzo de 1811 (supuestamente como resultado de una traición más que debido a las operaciones militares).

Las ciudades fortificadas eran particularmente importantes debido al pobre estado de las cominicaciones terrestres en la Península Ibérica, que dificultaban los movimientos y complicaban la logística necesaria para transportar y abastecer tropas de asedio.
Wellington comprendió que era necesario controlar las cuatro fortalezas mencionadas (Ciudad Rodrigo, Almeida, Elvas y Badajoz) para proteger a Portugal de una futura invasión y autorizó el movimiento del ejército anglo-portugués hacia España. Dividió sus fuerzas para intentar tomar simultáneamente Almeida y Badajoz. Un ejército de 20.000 hombres (10.000 de los cuales eran británicos) al mando de Beresford se destinaron al asedio de Badajoz mientras Wellington se dirigió con más o menos el doble de efectivos hacia Almeida.
Wellington no disponía de un tren de asedio, así que se limitó a bloquear Almeida manteniendo una fuerza de cobertura al Este. El ataque de Massena a esta posición se saldó con la derrota francesa en la Batalla de Fuentes de Oñoro, el 5 de mayo de 181. Como resultado de la misma los franceses evacuaron Almeida el 11 de mayo. En uno de los episodios más humillantes de la historia del ejército británico, toda la guarnición de la plaza se escurrió entre las líneas de bloqueo sin perder un solo hombre y sin que se diese la alarma.
Mientras tanto, Beresford intentaba reunir una especie de tren de asedio con los cañones de la fortaleza de Elvas y comenzó las operaciones de asedio contra Badajoz el 8 de mayo de 1811. Soult se puso en marcha en socorro de la plaza con unos 24.000 hombres mientras, más al Sur, el general Joaquín Blake desembarcaba en la provincia de Huelva con 8.000 españoles desde Cádiz en un destacable movimiento anfibio y se puso en marcha para unirse a Beresford. El ejército aliado se puso en marcha a lo largo de la carretera Sevilla-Badajoz hacia La Albuera.
El Mariscal Soult intentaba estorbar la reunión del ejército aliado y trataba de llegar a tiempo para evitar que el ejército de Blake, que venía del sur, paralelo al eje de su marcha, pudiera incorporarse al resto de los aliados, para lo cual quería interceptarlo entre Almendral y La Albuera con un movimiento lateral.
Por su parte, el campo de batalla había sido elegido por Wellington y como la reunión de los aliados no se efectuó hasta la noche del día 15, no dio tiempo a practicar obras de trincheras ni a preparar el campo, toda vez que los soldados venían rendidos por largas marchas.
El 15 de mayo, un destacamento de la caballería de Beresford de unos 2.500 jinetes fue expulsado de la orilla derecha del río Albuera con relativa facilidad por la caballería francesa. El brigadier británico Robert Long fue relevado del mando debido a este fracaso. A primeras horas del día 16 de mayo de 1811 las fuerzas españolas de Blake y las angloportuguesas de Beresford se unieron (dato desconocido por Soult) y se desplegaron al Sur de la posición.
Los ejércitos enfrentados
Beresford comandaba un ejército compuesto por la 2ª División (5.500 efectivos) bajo el General William Stewart, la 4ª División (4.500) bajo el mando del general Lowry Cole, la División Portuguesa (4.800) del general John Hamilton, una Brigada portuguesa (1.400) bajo el coronel Richard Collins y una Brigada de la King's German Legion (KLG)[2] (1.100) al mando del general Charles von Alten. El general William Lumley lideraba la caballería angloportuguesa compuesta por tres regimientos británicos (1.250) y 850 jinetes portugueses. Se disponía de dos baterías de artillería británicas, dos de la LAR y dos portuguesas bajo el mando de Alexander Dickson.
El ejército español, comandado por los generales Francisco Javier Castaños y Joaquín Blake, estaba compuesto por las Divisiones de Infantería de los generales Lardizábal (2.400), Ballesteros (3.500) y Zayas (4.900), la brigada independiente de Carlos de España (1.800), las brigadas de Caballería de Loy y Penne Villemur (1.900) y de dos baterías de Artillería.
El ejército de Soult estaba compuesto por las divisiones de infantería de Jean-Baptiste Girard (4.200), Honoré Gazan (4.200), las potentes brigadas de Werlé (5.600) y Godinot (3.900), las división de dragones de Latour-Maubourg (2.800), caballería ligera adicional (1.200) y 48 piezas de artillería al mando de Ruty.
Despliegue
Beresford desplegó a sus tropas ocupando las alturas que se desarrollan desde La Albuera hacia el sur, teniendo detrás la ribera de Valdesevilla y delante la de Chicapierna, dando frente al camino de Sevilla. Situó el ala izquierda y el centro detrás del pueblo, siguiendo un arco que partía de la ribera de La Albuera y extendiendo el ala derecha por las alturas de las casillas de Gragera en dirección a Capela.
El centro de la línea de batalla aliada estaba formado por la División de Steward, en la que combatían también tropas portuguesas del teniente general A. Luiz Fonseca. El pueblo de La Albuera quedó ocupado por la brigada ligera de Charles von Alten, perteneciente a la KGL. A Alten se le encargó la tarea de mantener la defensa de los puentes, misión para la que estría apoyado por la caballería portuguesa al mando de Olway, que formó a su retaguardia, así como por unas piezas artilleras, emplazadas detrás de la iglesia.
El ala izquierda la constituían la División portuguesa de Hamilton y la División de Cole, que llegaría al campo de batalla procedente del de Sitio de Badajoz.
El ala derecha, dando frente al camino real de Sevilla, estaba formada por las tropas españolas bajo el mando de Blake. Se desplegó en primera línea a la división de Ballesteros y a continuación la de Lardizábal. Detrás se situó en segunda línea la división de Zayas. A las tropas de Blake se unieron las de Castaños, mandados por el general Carlos de España, que se situaron a sus flancos.
Al extremo del ala derecha se colocó la caballería española, también en dos líneas: la primera la de Castaños, al mando de Penne-Villemur, y la segunda la de Blake, a las órdenes del brigadier Loy y el coronel Manon.
Al extremo del ala izquierda se desplegó la caballería británica bajo el mando del general William Lumley.
Por último, de la División portuguesa de Hamilton se separó una brigada para formar la reserva del dispositivo aliado.
El Plan de Batalla
La intención de Beresford era caer sobre las avanzadas francesas que quisieran apoderarse de los dos puentes: el situado junto al pueblo, inmediato a la desembocadura del Chicapierna en el Nogales, y otro entonces existente aguas abajo. Debía, para impedirlo, lanzar a la carga su caballería desde las lomas y batir el grueso del ejército enemigo en los llanos del Prado y la Dehesa que habían de cruzar para llegar al pueblo, teniendo asegurada una posible retirada, por Valverde de Leganés, hacia Portugal.
Sin embargo, Soult, que era un magnifico táctico, trastocó todo el plan alido. Soult pensaba que Blake no había llegado aún al campo de batalla y se dispuso a cortarle el paso, colocándose en su ruta de concentración entre Almendral y La Albuera. Para ello concibió una finta seguida de una amplia maniobra de flanqueo en dirección Sur, contra el ala derecha angloportuguesa para interponerse entre la posición de Beresford y la que pensaba que ocupaba Blake en ese momento.
Para llevar a cabo la finta, Soult ordenó al general Godinot que con su brigada y cinco escuadrones de caballería, al mando del general Briche, fingiera un ataque contra el pueblo. Mientras tanto él, con la mayor parte del ejército, atacaría por el Sur, trabando una batalla en orden oblicuo que sorprendiera al dispositivo defensivo aliado, al propio tiempo que con su caballería envolvía por la espalda al enemigo, cortándole la retirada hacia Portugal.
La finta de Soult sobre La Albuera
Cuatro compañías de Ulanos (lanceros polacos) cruzaron el río Albuera. Los británicos respondieron desplegando dos escuadrones de dragones del 3º Dragoon Guards. El primer escuadrón fue dispersado por dos compañías polacas pero el segundo contraatacó y forzó a los lanceros a retirarse de nuevo a la otra orilla.
El ataque de la brigada de Godinot a La Albuera a través del puente sobre el río homónimo, aunque concebido únicamente como una finta que fijase a los aliados mientras el grueso del ejército francés maniobraba hacia el flanco derecho aliado, estaba provocando numerosas bajas en el bando francés, cuyas tropas fueron sometidas a un continuo bombardeo por parte de la artillería portuguesa. A pesar de ello, Godinot expulsó a la brigada de Alten (KGL) del pueblo.
Los generales aliados, como se ha visto, esperaban un ataque frontal o sobre la izquierda de su línea, es decir, sobre los puentes, calculando que Soult pretendía abrirse paso hacia Badajoz directamente, y los hechos parecían confirmar que así sería gracias tanto a la maniobra de distracción iniciada por Godinot como al fuego de una batería de grueso calibre que empezó a cañonear La Albuera.
Sin embargo, un oficial de Zayas, Schépeler, que se encontraba desayunando junto a él, mientras todos oteaban el sector donde avanzaban las tropas de Soult, dirigió su catalejo hacia el Sur y, percibiendo entre el carrascal el brillo de las bayonetas francesas, exclamó: "De allí es de donde vienen: por allí atacan", haciendo volver a todos la cabeza en la dirección señalada. Blake le ordenó que galopara hacia la última colina de la loma y, desde allí, vio la cabeza de las columnas que descendían por el otro lado del Nogales. Volvió a galope e hizo señales a Zayas.
Los generales aliados todavía dudaban. El propio Beresford, al que le parecía muy temerario que Soult se arriesgara a perder el dominio del camino de Sevilla, cabalgó con Schepeler hacía la colina donde pudo comprobar la veracidad del informe.
La batalla, contrariamente a lo esperado, se iba a desarrollar en orden oblicuo, muy osado para los atacantes, de no ser dirigida, como en este caso, por un táctico eminente, y muy peligrosa para los atacados, que se veían obligados a descomponer su formación y cambiar de frente, con el peligro de ser envueltos y cortado el camino de retirada.
El ataque de flanco francés
Beresford se dispuso a redesplegar sus fuerzas para evitar un ataque de flanco. Todo el ala derecha tendría que girar adoptando un dispositivo de martillo para hacer frente a las divisiones de Girard y de Gazan que avanzaban apoyados por la carga de la caballería de Latour-Maubourg sobre la extrema derecha del ejército aliado. Detrás de las divisiones de Girard y Gazan, se movía la reserva de infantería del general Werlé.
Se ordenó a las unidades españolas encararse hacia el Sur. La 2ª División británica, desplegada tras La Albuera, fue reemplazada por la División Portuguesa de Hamilton y mandada hacia el Sur donde se desplegó en escalón, es decir algo retrasada, a la derecha de las tropas españolas. Con este redespliegue se pretendía extender el flanco derecho Aliado hacia el Oeste. La 4ª División, bajo el mando de Cole, quedó en reserva. A pesar de las órdenes, Blake se negó a encarar sus tropas hacia la derecha porque estaba convencido de que el ataque principal francés sería sobre la Albuera en el centro. Sin embargo, por propia iniciativa, el general Zayas sí encaró sus batallones hacia el Sur.
Cuando el V Cuerpo francés de Girard comenzó su ataque sobre el ala derecha aliada sólo cuatro batallones de la División de Zayas estaban alineados para enfrentarse al mismo. Los flancos del V Cuerpo estaban cubiertos por artillería a caballo, la caballería francesa marchaba a la izquierda y los hombres de Werle detrás. La caballería francesa, a medida que progresaba su infantería se iba abriendo a su izquierda para abarcar todo el campo español y dominar la vaguada del Valdesevilla, con la vista puesta en el camino de Valverde.
Entretanto, proseguía la inicial maniobra de distracción de Briche y Godinot, presionando sobre los puentes y cañoneando incesantemente al pueblo.
La línea española detiene el asalto de las columnas francesas [editar]Los franceses quedaron sorprendidos cuando advirtieron que los españoles le oponían una línea frontal, por la rápida maniobra de martillo ejecutada por Zayas, con la cual no contaban.
Por otra parte, Soult se había confiado y dejó avanzar sólo a Girard con las dos divisiones, reteniendo junto a sí a Gazán, que, a la vez, era su jefe de Estado Mayor. Girard detuvo sus columnas para cambiar su formación, paralización que dejó sin apoyo a su caballería, permitiendo que a la española, muy inferior en número, la reforzara la anglo-portuguesa, de Lumley, que tomó el mando de toda el arma.
Tampoco supo Girard desplegar a las dos divisiones, constreñidas por la estrechez del campo en que se movía, teniendo que acudir personalmente Soult y Gazan. Sin embargo, su ataque fue violentísimo, secundado por una gran masa de artillería, que se había emplazado en las alturas que dividen la horquilla del Nogales y el Chicapierna. Se produjo un intenso tiroteo entre los franceses y los españoles al mando de Zayas, que lucharon tenazmente y resistieron el embate francés. El resultado de este primer asalto, en el que los hombres de Zayas y Ballesteros resistieron bravamente la acometida, se saldó con gran número de bajas por ambas partes y, batida la vanguardia francesa, que no logró imponer su masa, en la que siempre confiaban los imperiales, el paso a la formación en línea se efectuó con cierto desorden, pereciendo el general francés Pepín y quedando fuera de combate los generales Maranzon y Brayer. Después también había de caer herido el propio Gazan.
Contra todo pronóstico, la línea española se mantuvo firme e incluso forzó a la división de cabeza francesa a detenerse, resistieron el primer ataque francés hasta la llegada de la infantería británica. El humo y la ansiedad del combate provocaron un episodio de "fuego amigo" cuando la infantería británica disparó contra las espaldas de sus aliados españoles haciendo que éstos recibiesen disparos de frente, por lo franceses, y de espaldas por los británicos.
Por tanto, la División española bajo Zayas, a pesar de la superioridad numérica francesa, realizó un papel brillante, decisivo para la victoria aliada, arrojando un mortal fuego de mosquete sobre los 14.000 franceses que avanzaban hacia ellos mientras Beresford enviaba refuerzos.
La densa formación francesa fue destrozada por las descargas de mosquetería de las divisiones de Zayas, Houghton, Abercrombie y Cole. La artillería aliada causó aún más estragos que los mosquetes.
Las tropas de Zayas sufrieron un 30% de bajas pero se mantuvieron firmes luchando hasta que se les ordenó retirarse para descansar y reabastecerse. Posiblemente la División de Zayas, compuesta por los regimentos de Reales Guardias Españolas y Reales Guardias Valonas, Irlanda, Legion Extranjera, Ciudad Real, Toledo y Patria, estaba entre las mejores del ejército español de la época. Según se expone en britishbattles.com, el desempeño de los batallones de Zayas en la Batalla de la Albuera "merece más reconocimiento del que recibe. La Guerra Peninsular es un evento de gran importancia en la tradición del ejército británico. Es una pena que mucha de esa tradición sea anti-española más incluso que anti-francesa".
La destrucción de la brigada de Colborne
La línea española se vio muy comprometida y, al avanzar la brigada del general España, para cambiar de frente, azotada por el fuego de la gran batería francesa, hubo de ceder terreno, que Zayas se apresuró a ocupar con el regimiento de Irlanda.
La división de Stewart y una batería de la KGL se movieron para apoyar a los españoles de Zayas. Stewart ordenó a la brigada del teniente coronel John Colborne que se desplazara hacia la izquierda de la línea describiendo un arco de forma que pudiese disparar al flanco izquierdo de las columnas francesas.
Tomadas en un mortal fuego cruzado, las columnas francesas comenzaron a flaquear y Stewart ordenó una carga con la brigada de Colborne que venía en columnas de compañía de a tres, con el propósito de atacar la batería que tantos estragos estaba causando. Habría querido el Colborne cambiar su formación a orden de batalla, pero la impaciencia imprudente de su general no se lo permitió y quedó expuesto a la carga de la caballería de Latour-Maubourg que protegía la artillería francesa y de cuya existencia Stewart no se había apercibido.
Latour-Maubourg lanzó a sus lanceros polacos y al 10º regimiento de húsares contra Colborne. Tres regimientos británicos (3º, 2/48º y el 66º Regimiento de línea) quedaron expuestos en línea y de flanco, la peor formación posible, a la carga de la caballería francesa quedando, prácticamente, aniquilados. El cuarto regimiento de la brigada de Colborne (31º regimiento de línea) pudo formar a tiempo un cuadro de infantería que lo salvó de la destrucción a manos de los lanceros polacos y húsares franceses. Los ulanos capturaron cinco banderas regimentales y cinco cañones de la batería de la KGL.
A continuación los polacos se lanzaron a por la brigada de Carlos de España y a por el personal de Beresford, amenazando a la posición de Zayas por la espalda. Las divisiones de Lardizábal y Ballesteros escaparon del ataque. Zayas, meritoriamente, afrontó el nuevo asalto sin dejar de arrojar descargas de mosquetería sobre las tropas de Girard, una acción que muy probablemente salvó al ejército aliado de la destrucción.
El 29º regimiento de línea británico, perteneciente a la brigada de Houghton, abrió fuego sobre los dispersos lanceros polacos por lo que gran parte de ese fuego fue a impactar contra los apretados batallones de Zayas.
Dos escuadrones del 4º regimiento de dragones británico se lanzaron contra los polacos, pero Latour-Maubourg envió a sus húsares a la refriega y forzó la retirada de los dragones. Las fuentes británicas afirman que los lanceros polacos rehusaron aceptar la rendición de la infantería y que deliberadamente alancearon a los heridos allí donde los encontraban. De cualquier modo, lo cierto es que de los 1.250 hombres que componían los tres primeros regimientos de la brigada de Colborne sólo la mitad fueron tomados prisioneros.
El ataque francés se dirigió ahora hacia la brigada de Houghton, perteneciente a la 2ª División británica y compuesta por los regimientos 29º, 1/48º y el 57º de línea. Había estallado un temporal y la niebla, el humo y el aguacero confundieron a los ingleses que creyeron que la caballería que se les vino encima era la española. El coronel Inglis, al mando del 57º de línea, fue herido de gravedad y, mientras lo retiraban del campo repetía: ¡Die hard!, ¡Die hard! (¡Morid peleando!).[4]
La enérgica carga francesa los desbarató y se introdujo entre las líneas españolas, sufriendo ataques el propio general España y el oficial Schépeler. Algunos grupos de jinetes imperiales lograron llegar hasta el puesto de mando del general en jefe, Beresford, que estuvo a punto de ser derribado por la lanza de un polaco, al que mató un granadero de la escolta del general.
No obstante, a pesar de sufrir graves pérdidas, la brigada de Houghton mantuvo la posición.
En conjunto, la División de Stewart sufrió un 52% de bajas. La efectividad de los lanceros polacos hizo que el ejército británico convirtiese algunos regimientos de caballería en lanceros después de Waterloo.
El ataque de flanco de Soult fracasa
Envalentonado por la dura acción de su caballería contra los ingleses, Gazan se abrió paso con su división, acometiendo, siempre en columna y batiendo tambores, la línea española. El general Beresford pensó un momento en abandonar la loma, donde se mantenían las brigadas de Houghton y Abercromby, además de los restos de la brigada de Colborne, dado que a los hombres de Zayas se les había ordenado replegarse a segunda línea.
Para entonces, las tropas de Girard y Gazan se habían convertido en una masa ingobernable de muchas filas de profundidad. Generalmente, la infantería británica formada en línea de dos filas de profundidad podría haberse encargado en poco tiempo de la desorganizada masa de infantería francesa, dado que sólo las dos o tres primeras filas de las apretadas tropas francesas hubiesen podido responder al nutrido fuego británico, pero la artillería de apoyo francesa disparaba de flanco contra la delgada línea británica causando graves pérdidas, entre ellas, la de Houghton, que resultó muerto.
Hasta el momento la batalla no había ido del todo mal para los franceses. No obstante, Soult, ya apercibido de que las fuerzas angloportuguesas de Beresford se habían reunido con las españolas de Blake, se mostró reacio a empeñar sus últimas reservas para asegurar la victoria.
Con la incapacidad de Soult para actuar decisivamente y la negativa de ambos bandos a abandonar la mutua carnicería continuaba.
Beresford, que había escapado por los pelos del lancero polaco, parecía haberse olvidado de la 4ª División de Cole que se manteía en reserva, pero el coronel Harding rogó a su superior, el general Cole, que se emplease la división bajo su mando en la batalla, a sabiendas de los riesgos que ello suponía para una eventual retirada.
Así se hizo, y la entrada en línea de la 4ª División de Cole, avanzando desde el puesto de reserva hacía la extrema derecha para impedir que la caballería enemiga rompiera la línea aliada, supuso un refuerzo decisivo que presentó un frente compacto contra los intentos franceses, convirtiendo definitivamente el ataque de flanco planteado por Soult, en una batalla en línea.
Como respuesta Soult se vio obligado a apoyar su ataque con la propia reserva, mandada por el general Werlé, y destacó hacia su izquierda a dos batallones para oponerse a la división angloportuguesa de Cole que se extendía por aquel flanco, pero como los españoles de Blake se habían mantenido firmes, los 4.000 hombres de refresco de Cole pudieron imponer la iniciativa.
El final
Los hombres de Cole, formados en línea de dos filas con cuadros de infantería en ambos flancos, integrados por las fuerzas convergentes de las compañías ligeras británicas y portugesas (Loyal Lusitanian Legion) repelieron una carga masiva de dragones franceses y ulanos polacos.
Posteriormente, durante unos 20 minutos, mantuvieron un intercambio de fuego de mosquetería con las tropas de Werlé. Los franceses persistían en sus ataques en masa, de gran efecto moral y arrollador, pero de escasa potencia de fuego, sólo vomitado por la cabeza de columna, sufriendo en cambio el de los aliados, desplegados en orden abierto, que graneaban a los atacantes. El general portugués Sousa Sequeira, que asistió a la batalla siendo alférez, comentó que "los muertos franceses yacían tendidos en tierra, continuando la formación que mantuvieron en vida".
La infantería francesa, duramente castigada a lo largo de toda la jornada, iba agotando su capacidad de combate cuando los británicos lanzaron una carga a bayoneta. Una vez dada cuenta de la brigada de Werlé, los hombres de Cole cayeron sobre el flanco del V Cuerpo francés.
La brigada del teniente coronel Myer y la brigada portuguesa del general Harvey se distinguieron especialmente en esta jornada. Ambas brigadas resistieron el empuje de la caballería polaca, a cuyos escuadrones lograron diezmar.
Desde aquel momento, las columnas francesas empezaron a perder terreno, retrocediendo al abrigo de su reserva y de la gran batería artillera, dirigida con enorme eficacia por el general Ruty. Cuando, en un intento de reacción, cayó muerto el jefe de la reserva francesa, general Werlé, se inició una disciplinada retirada, que no se desmoralizó gracias a la experiencia y acierto de Latour-Maubourg, que seguía imponiendo respeto a los aliados con sus jinetes, y a la sangre fría de Ruty, que repasó ordenadamente con sus piezas el curso del río Nogales. Al fin, los franceses abandonaron la lucha terminando con el mortal encuentro.
Resultados
La batalla terminó con un resultado indeciso después de un baño de sangre. La caballería polaca de Soult había destruido toda una brigada británica. Los españoles habían repelido uno de los mayores ataques de infantería de la guerra causando graves pérdidas a los franceses. Los franceses admitieron pérdidas cifradas en 6.000 hombres, aunque probablemente las bajas estarían entre los 7.000 y 8.000. Los británicos perdieron 4.100, los portugueses 400 y los españoles 1.400 hombres. Ambos bandos se atribuyeron la victoria.
Beresford ganó la batalla pero su desarrollo táctico se considera tan lamentable que se dice que fue el responsable del gran número de víctimas, si bien la victoria es imputable a los demás mandos que integraban el ejército aliado. Los generales españoles desempeñaron un buen papel, especialmente Zayas, a quien les cabe gran parte del mérito en la victoria.
Consecuencias
El resultado de la batalla tuvo poco efecto en el curso general de la guerra. Generalmente se acepta que se trató de una costosa victoria táctica aliada de la que no se pudo o se supo sacar partido a nivel estratégico.
Beresford no supo explotar el éxito y no volvió a sitiar la ciudad de Badajoz, ocupada por tropas francesas. Se ciñó a mantener a distancia el bloqueo de la ciudad. Soult tampoco pudo cumplir su propósito de socorrer a la guarnición francesa de Badajoz. Se mantuvo en sus posiciones al día siguiente, sin que ninguno de los ejércitos que se observaban, se atreviera a reanudar la lucha, quizá por el mutuo quebranto sufrido.
El día 18 de mayo, el mariscal Soult inició la vuelta hacia Andalucía, de donde había partido, sin ser estorbado. Llevaba la protección muy eficaz de de su caballería. La caballería española, comandada por Penne-Villemur, hostigaba su retaguardia pero poco más hizo que capturar a algunos rezagados. El mariscal Soult se quedó en Llerena y el resto del ejército en Villagarcía y Usagre.
El asedio de Badajoz, por parte de las tropas de Beresford, se tuvo que abandonar posteriormente cuando las tropas del mariscal Marmont se unieron a las de Soult.
Tuvieron que pasar diez meses de la batalla de La Albuera para que, el 16 de marzo de 1812, tropas angloportuguesas al mando de Wellington se presentaran ante las puertas de Badajoz, que tomaron al asalto en la noche del 6 al 7 de abril del 1812 en la Batalla de Badajoz
FUENTE: WIKIPEDIA
La Batalla de Medellín (1809)
El general Gregorio de la Cuesta, al mando del Ejército de Extremadura de unos 13.000 infantes, 2.000 jinetes y 30 cañones, expulsó a la guarnición francesa de Almaraz el pasado 29 de enero, tras un reñido combate en el puente de la localidad. El rey José Bonaparte da órdenes al mariscal Víctor que marche contra ellos con el 1º Cuerpo de Ejército francés, de 14.500 infantes, 4.200 jinetes y 48 piezas.
El día 18 de marzo Cuesta ordena a su ejército replegarse. El 27 se les une el Duque de Alburquerque con 4.400 hombres; el mariscal Víctor avanza dividido por Mérida y Medellín, donde el general Cuesta decide marchar al día siguiente para atacarle.
El día 28 de marzo, los 19.400 españoles del general Cuesta forman desde la orilla del río hasta Mengabril. A las 11:00 horas se presenta Víctor con 17.500 soldados, cruzando el Guadiana por el puente de Medellín.
Los jinetes hispanos atacan a la infantería francesa, obligándola a retroceder y formar en cuadros, y así resisten durante horas; en otros puntos se agrupan en líneas cerradas barridas por la artillería. Cuesta ordena que el ala izquierda española avance sobre la derecha francesa para envolverla.

Entonces los dragones franceses al mando de Latour-Maubourg salen a repeler el ataque, ahuyentando a la caballería española del flanco izquierdo, que realiza una de las peores desbandadas conocidas, arrollando a su propia infantería y derribando al propio general Cuesta al suelo, con su Estado Mayor.
La infantería hispana del flanco izquierdo queda expuesta, siendo dispersada y masacrada en el subsiguiente asalto de la caballería francesa, que luego carga contra el centro, hasta batir el ala derecha, donde el Duque de Albuquerque resiste mientras los españoles huyen en desorden; la lucha en sí duró menos de cinco horas.
Los franceses persiguen a los fugitivos sin darles cuartel, quedando los campos llenos de cadáveres. Los españoles sufren más de 10.000 bajas entre muertos y heridos, otros 2.000 caerían prisioneros; los franceses tienen unas 4.000 bajas.
Los supervivientes españoles se reagrupan en Monasterio, y de allí se retiran a Sevilla; el general Cuesta castigará a las unidades que se retiraron, destituyendo a su oficial al mando, y a la tropa privándoles del uso de pistola.
FUENTE: remilitari.com

La Batalla de Arroyomolinos (1811)
De entre las varias versiones existentes sobre este acontecimiento, la que aquí ofrecemos, supone la visión que tuvo el ejercito aliado portugués y más concretamente el Batallón de Cazadores Nº 6. Este Batallón, fue partícipe directo en esta Batalla Sorpresa de Arroyomolinos.
“En el mes de Septiembre se reiniciaba la lucha, entablándose los combates de Bodón a 25 (de Septiembre). De Alfayates a 27, la Batalla de Arroyomolinos a 28 de Octubre y la de Mérida a 31 de Diciembre. Está el Batallón de Cazadores Nº 6 acantonado en Castelo de Vide y a 29 en Nave.
En la segunda mitad del año 1811, la situación en Extremadura era de espera y de mutua observación.
Los franceses tenían que abastecer y defender Badajoz, mantener las comunicaciones con Madrid por Trujillo y procurar los abastecimientos de una región devastada por tres ejércitos en constante movimiento.
Era indispensable para la estrategia francesa, mantener a Druet y su 5º Cuerpo de Ejercito en aquella zona, para garantizar la unión con Sevilla por la Sierra Morena.
De este modo podían proteger la ruta de convoyes mensajeros a Badajoz, observar las fuerzas de Hill y oponerse a las acciones de Morillo que se mostraban cada vez más audaces y numerosas.
Esos convoyes de abastecimiento conseguían generalmente llegar sin problema a su destino, dado que los aliados no los intentaban interceptar de un modo sistemático y eficaz. No lo hacían por incapacidad, sino para no alejarse demasiado de sus cuarteles.
En ese campo las guerrillas desempeñaron un papel fundamental perturbando constantemente los reabastecimientos, pues se beneficiaban de la cobertura dada por el ejercito de Castaños, instalado a lo largo de la frontera portuguesa.
El ejercito aliado se separó después de la batalla de la Albuera. Las divisiones de Blake y Ballesteros se desplazaron para Andalucía. Con posterioridad intentaron algunas ofensivas contra Badajoz, desistiendo en ocasiones de asediar la plaza. El cerco de Badajoz se reveló poco eficaz y por esa razón se resolvió atrasar su conquista.
A finales de Junio, Marmont, sucesor de Massena, después de dejar Ciudad Rodrigo bien segura, se desplazó al sur pasando por Baños, Plasencia, Mérida y Medellín.
El ejercito francés, recelaba verse envuelto simultáneamente por el grueso de las tropas del 5º Ejercito bajo el mando de D. Pedro Gerén, ayudado por las guerrillas de D. Pablo Morillo.
Las fuerzas de Castaños ocupaban las zonas de Alburquerque hasta Alcántara. Las del General Hill, se encontraban en la región situada entre Portalegre, Vila Viçosa y Extremos.
Los franceses detentaban las plazas de Plasencia, Mérida, Medellín, Zafra, Llerena, Trujillo y otras menos importantes.
En resumen, puede afirmarse que relativamente a la Extremadura (española), la mayor parte del territorio estaba en manos de los franceses, excepto algunas plazas fronterizas. Con todo, este dominio era relativo y poco seguro, pues las constantes acciones de guerrilla de Morillo, los obligaba a moverse continuamente.
Además de eso, la proximidad del 5º Ejercito español y la división de Hill, los forzaba a una continua vigilancia.
El responsable de las fuerzas francesas en esa provincia –Drouet- se desplazó para el Oeste, teniendo en vista garantizar el socorro y la seguridad de Ciudad Rodrigo.
Se entablaron diversas escaramuzas en las cuales, las fuerzas de Castaños no se emplearon (según el plan establecido con Wellington) para no dar a conocer al enemigo sus efectivos.
Cuando Drouet se alejó para Zafra, ordenó al General Girard, que con sus fuerzas se dirigiesen a Cáceres para consolidar la zona, dispersar las fuerzas de Castaños e impedir su reorganización.
En el día 11 de Octubre, la columna francesa de Girard iniciaba su marcha rumbo a Cáceres. El Conde Penne Villemur, comandante de las fuerzas españolas allí estacionadas, al tener conocimiento de que los franceses dejaban Mérida con 5000 hombres, se retiró para Salorino partiendo a media noche del día 12.
Es probable, que los franceses no tuviesen informaciones correctas a cerca de los efectivos de las fuerzas aliadas dado que pretendían rodearles por el Norte, entrando en Portugal por Brozas.
Villemur se retiró como se afirmó, de modo que permitió al enemigo observar y evaluar sus fuerzas. Este acto no constituía un error estratégico, pero fue, eso sí, una manera de atraer a Girard a una emboscada.
Hubo un breve encuentro entre algunas tropas de las dos fuerzas, debiendo las fuerzas españolas que retirarse disciplinadamente.
Teniendo el camino libre, Girard ocupó Cáceres donde se estableció, enviando luego destacamentos a Brozas, Arroyo del Puerco (actualmente Arroyo de la Luz), Casar de Cáceres y otros puntos periféricos.
Al estar considerablemente alejadas las fuerzas de Drouet (Zafra) y las de Girard (Cáceres), hizo que los aliados con ayuda de las tropas españolas emprendieran una maniobra ofensiva que sorprendió a los enemigos.
Wellington, autorizó al General Hill a actuar, teniendo este concentrado de inmediato a las fuerzas que iría a utilizar. En el día 23 de Octubre de 1811 en la ciudad de Alburquerque, Hill reunió sus tropas, a las cuales se unieron al día siguiente en Aliseda; las fuerzas del Brigadier Girón, las guerrillas de Morillo, los Caballeros de Penne Villemour, y la pequeña hueste de Jonh Downie.
En el lado enemigo, Girard ignorando todas estas actividades, procedía a la recolección de víveres y fondos en la zona de Cáceres, manifestando bastante prisa en efectuar esta misión.
La columna aliada inició su progresión el propio día 24, produciéndose ese mismo día un corto combate entre la caballería española y la francesa, obligando a abandonar Arroyo del Puerco y dirigirse a Malpartida.
En el día 26 todos los destacamentos avanzados franceses se retiran para Cáceres pues Girard se da cuenta finalmente de que las fuerzas aliadas eran de tener en cuenta. Por esa razón decidió retirarse y unirse al grueso de su ejercito cuanto antes.
La retirada se inició con toda la División dirigiéndose a Torremocha, soportando un temporal inapacible de lluvia y viento que se mantendría en el transcurrir de las restantes operaciones.
Beneficiándose de las condiciones atmosféricas propicias y usando una gran rapidez en la maniobra, la retirada proporcionó a Girard romper el contacto con el enemigo.
Entretanto las fuerzas de Hill y de Girón emprendieron por separado una persecución incansable, siendo ayudados por naturales de la región en la tentativa de localizar al enemigo.
Girón llegó a Cáceres en la mañana del día 27 y teniendo localizado al enemigo, siguió por la carretera de Mérida hasta instalarse en Alcuéscar.
Hill, que pernoctaba en Malpartida esperando así interceptar a Girard en su marcha, tomó un camino pasando por Aldea del Cano y Casas de Don Antonio, reuniéndose con Girón en Alcuéscar.
Girard ignorando esta persecución de que era objeto, dejó Torremocha y pasando por Albalá, llegó a Arroyomolinos, donde se detuvo.
Durante el desenvolvimiento de las operaciones, los aliados iban recogiendo informaciones relativas a la situación de las fuerzas francesas estando, de ese modo, en la posibilidad de un importante triunfo.
Habiendo sido localizado y sabiéndose que el enemigo iba a descansar en Arroyomolinos, los aliados repartieron entre si las diferentes misiones y prepararon el ataque para el día siguiente (28).
Hill decidió entonces atacar Arroyomolinos situado a la distancia de una legua de Alcuéscar, combinando las direcciones del ataque de tal forma que Girard no tuviese opciones de fuga. El plan se asentaba sobre todo en el efecto sorpresa para lo que se tornó necesario tomar las debidas precauciones. En la noche del 27, después de reunir el destacamento, se inició la marcha rumbo a Arroyomolinos.
La columna formada por Anglo-Hispano-Portugueses, se dirigió frontalmente hacia el objetivo, tomando como lugar de progresión un camino directo que unía los dos pueblos.
Otra columna, constituida por la Caballería española en un flanco y la inglesa en el otro, se dirigieron hacia el flanco derecho con la misión de cortar la retirada al enemigo por el lado Este (para Almoharín, Miajadas y para Medellín).
La columna de Morillo, con los Dragones ingleses, asegurarían el flanco izquierdo para cortar la posible retirada enemiga por la carretera de Alcuéscar a Trujillo.
A las 7 horas de la mañana se concentraron todas las columnas en la depresión del río Aljucén sin ser detectadas por los franceses. Cubiertos por unos barrancos al Este del río se tomaron las últimas disposiciones y los jefes aliados daban sus ordenes finales.
En el lado francés , ignorando la inminencia del ataque, la preocupación de Girard incidía en alcanzar el grueso de su ejercito lo más rápidamente posible. Decidió así, partir para el Sur en aquel mismo día.
A las 4 de la mañana envió a Remond con una Brigada por la carretera de Medellín (hecho que pasó desapercibido para los aliados) asegurando así la vanguardia francesa pero privándose de una importante fracción de su División.
Girard se encontraba planeando la marcha con el grueso de sus tropas cuando se oyeron los primeros disparos. En ese mismo momento Girard no se apercibió de la gravedad del ataque.
Pensando que se trataba de escaramuzas entre sus fuerzas avanzadas y los guerrilleros, ordenó la partida acelerada de las tropas bajo su mando.
Esta decisión fue fatal para los franceses pues fueron sorprendidos y atacados de flanco por los aliados.
Sin embargo, la entrada en acción de la artillería deshizo cualquier duda de Girard, que finalmente se dio cuenta de la gravedad del ataque.
Todavía la mayoría de la infantería francesa estaba en las calles de la aldea aguardando para formar en orden de marcha y con los caballos de la retaguardia parados o atados a los árboles, cuando se vieron atacados de tres lados.
La reorganización se vio extremadamente dificultada por la niebla y por el viento que por otro lado, facilitaban la aproximación y acción de las tropas aliadas que envestían con gran rapidez y decisión.
Ante tal situación los franceses resistían como podían, formando en cuadrado que la artillería aliada desorganizaba y la caballería impedía reorganizar.
Los regimientos ingleses de la columna del centro aliada, perseguían a los franceses dispersos, mientras los restantes procuraban cortarles la retirada.
La columna de la derecha aliada, a su vez, cortaba la retirada por la zona Sur de la sierra y otras salidas, capturando a quienes pretendían huir.
Viéndose perdido, Girard consiguió reunir 600 hombres, retirándose por la carretera de Trujillo. La columna aliada del ala izquierda, después de desorganizar y dispersar a la caballería francesa, se aproximó rápidamente a las fuerzas de Girard.
Este, teniendo agotados todos los medios de defensa posibles, decidió escaparse a cubierto de una espesa niebla por las escarpadas laderas de la Sierra de Montánchez.
En su persecución salieron de inmediato las fuerzas de Morillo con el Batallón de la Victoria y la Legión Extremeña, un batallón inglés y el Batallón de Caçadores Nº 6. Rodearon las sierras por el Sur siguiendo la carretera de Trujillo, mientras otras fuerzas iniciaban la persecución por la parte central de las montañas.
Ésta terminó en las proximidades de la aldea de Santa Ana, debido al enorme cansancio de las tropas aliadas y por los efectos de la intemperie.
Libre de sus perseguidores, Girard se dirigió sucesivamente a Ibahernando, Zorita y atravesó el Guadiana en Orellana la Vieja.
Después de esta retirada fue a reunirse con Remond y Druet, contando en esa ocasión con apenas 400 hombres de su división de los 3500 que había dispuesto. Solo estos 400 pudieron escapar del cautiverio o la muerte.
Fueron hechos más de 1400 prisioneros entre los cuales se encontraba el Príncipe Duque de Aremberg, el General de Brigada Brun, el jefe del Estado Mayor Ydry, dos Mayores, treinta Oficiales y muchos Sargentos.
Además cayeron en poder de los aliados, dos cañones, un obús, seis carros intactos de municiones, varias banderas y gran número de escopetas, diversos depósitos de géneros, sables, mochilas, caballos y todo el bagaje y equipamiento de la División. Varios carros con víveres y una contribución de la comarca de Cáceres recibida por Girard de manos del Alcalde cacereño, fueron igualmente capturados.
Los aliados sufrieron 70 bajas, algunos oficiales y el Teniente austriaco Strenowitz.
Después del combate las fuerzas de Hill y los españoles regresaron a sus acuartelamientos, descansando durante algunos días.
Cuando las noticias del combate se esparcieron, Druet ocupó de nuevo Cáceres. Fue atravesando el Tajo por Almaraz continuando hasta Trujillo, mientras dos grandes convoyes entraban en Badajoz.
La moral de las tropas francesas sin embargo quedó seriamente tocada, produciéndose agitaciones entre las fuerzas polacas establecidas en Ronquillo e insubordinaciones colectivas en el 5º Cuerpo del Ejército.
Morillo y Hill colaborando nuevamente obligaron a los franceses a evacuar Mérida apoderándose de grandes cantidades de géneros. Drouet, tuvo así que retirarse definitivamente.
En Enero de 1812 buena parte de Extremadura fue liberada de los invasores.
La acción de Arroyomolinos fue la primera de una serie de victorias que acontecieron en la zona del 5º Ejército, cuña central que hizo posibles las operaciones decisivas que a ella siguieron como la conquista de Badajoz(7-Abril-1812), acabando a la vez con la resistencia de las tropas Napoleónicas en la Extremadura.
La retirada de la provincia se dio mediado Mayo, por Almaraz.
La importancia de este combate reside no solo en el modo de cómo se aprovechó una situación favorable al desencadenar una operación asentada en la sorpresa, sino también y sobre todo por la unión en que se llevó a cabo.
La conquista de Badajoz se debe en buena parte al enfrentamiento que aquí tratamos. Esta ciudad constituía un extraordinario polo de acción relativos a Portugal y a España por ambas partes.
Al asestar un profundo golpe a las tropas de élite (Girard) del ejercito francés, las tropas comandadas por el General Hill –del que formaba parte el Batallón de Caçadores 6- desempeñaron un papel decisivo en el proceso de expulsión de las tropas napoleónicas de la península.
Al no permitir que el ejército invasor entrase nuevamente en Portugal, al dificultar la reorganización y reabastecimiento de las fuerzas francesas y al descongestionar de enemigos la región fronteriza entre el Guadiana y el Tajo, el Combate Sorpresa de Arroyomolinos contribuyó a la expulsión definitiva de los franceses de Portugal y posteriormente de la Península Ibérica.”
FUENTE: aytoarroyomolinos.org
La Batalla de Gévora (1811)
En un intento de ayudar al ejército del mariscal francés André Masséna a abandonar su posición en Portugal -atascado frente a las Líneas de Torres Vedras, situadas frente a Lisboa, tras su invasión en 1810- el mariscal Jean de Dieu Soult condujo una parte del Ejército del Mediodía (Armée du Midi) desde Andalucía a la región vecina de Extremadura, y pusieron sitio a la ciudad amurallada de Badajoz. El Vizconde de Wellington y el capitán general Pedro Caro y Sureda enviaron un gran ejército español para romper el cerco. Sin embargo, Caro y Sureda murió antes de la partida de dicho ejército, el 23 de enero de 1811, víctima de un violento ataque de disnea, y el mando pasó al general Gabriel de Mendizábal. Con el apoyo de una pequeña fuerza de caballería portuguesa, los españoles llegaron a la ciudad y acamparon en los cercanos altos de San Cristóbal a principios de febrero de 1811.
Mendizábal hizo caso omiso de las instrucciones de Wellington y no atrincheró a su ejército. Soult aprovechó la posición vulnerable del ejército español y envió una pequeña fuerza para atacarlo. La mañana del 19 de febrero, las fuerzas francesas al mando del mariscal Édouard Adolphe Casimir Joseph Mortier derrotaron rápidamente al ejército español, causando 1000 bajas y tomando 4000 prisioneros, mientras que las bajas del ejército francés fueron de tan sólo 400 hombres. La victoria permitió a Soult concentrarse en su asalto a Badajoz, que cayó en manos de los franceses el 11 de marzo y permaneció en manos francesas hasta el año siguiente.
FUENTE: WIKIPEDIA
La Batalla de Badajoz (1812)
Sitio
Tras la captura de las ciudades fronterizas de Almeida y Ciudad Rodrigo en sitios anteriores, la fuerza anglo-portuguesa se dirigió a Badajoz a capturar la ciudad y asegurar las líneas de comunicación con Lisboa, la base primaria de operaciones del ejército aliado. Badajoz estaba protegida por unos 5.000 soldados franceses al mando del general Armand Philippon, y poseía unas fortificaciones mucho más fuertes que Almeida o Ciudad Rodrigo, con una sólida muralla cubriendo numerosos fuertes y bastiones. Badajoz ya se había enfrentado a dos sitios sin éxito y estaba bien preparada para un tercer intento, con las murallas reforzadas y algunas áreas alrededor de las murallas inundadas o minadas con explosivos potentes.
El ejército aliado, de unos 25.000 hombres, sobrepasaba en mucho a la guarnición francesa en una proporción de cinco a uno, y tras rodear la ciudad, empezó a instalar el sitio preparando trincheras, paralelos y movimientos de tierra para proteger a la artillería pesada. Mientras se desarrollaban los movimientos de tierras, los franceses hicieron varias incursiones para intentar destruir las líneas avanzadas hacia la muralla, pero fueron repetidamente repelidas por los tiradores británicos y contraatacados por la infantería.
Con la llegada de los obuses de 18 y 24 libras, los aliados empezaron un intenso bombardeo de las defensas de la ciudad mientras uno de los bastiones defensivos era tomado por los casacas rojas del General de la 3.ª División Thomas Picton. La captura del bastión permitió movimientos de tierra más extensos y pronto un laberinto de trincheras fue acercándose sigilosamente a las altas murallas de piedra, mientras los cañones continuaban disparando a las murallas. El 5 de abril habían sido abiertas dos brechas en la muralla y los soldados se prepararon para asaltar Badajoz. La orden para atacar fue retrasada 24 horas para permitir que se hiciera otra brecha en la muralla. Se empezaron a filtrar noticias a los aliados de que Soult estaba en marcha para reforzar la ciudad y se dio la orden de lanzar el ataque a las 22:00 del 6 de abril.
La guarnición francesa, consciente de su situación, minó las grandes brechas de la muralla y se prepararó para el inminente asalto.

El 88 Regimiento, «The Devil's Own», en el Sitio de Badajoz, por Richard Caton Woodville Jr.
Con tres grandes brechas en la muralla y el Mariscal Soult en marcha para socorrer a la ciudad, Wellesley ordenó a sus regimientos asaltar la ciudad a las 22:00 el 6 de abril y las tropas se adentraron con escalas y diversas herramientas.
Los primeros hombres en asaltar la brecha fueron los Forlorn Hope —en el ejército inglés se denominan así a los efectivos de asalto, generalmente voluntarios con ganas de ascender en la carrera militar y que llevan a cabo misiones suicidas o de elevadísimo riesgo—, quienes lideraban el ataque principal con la 4.ª división y la División Ligera de Craufurd, mientras se llevaban a cabo ataques de distracción al norte y al este por los soldados portugueses e ingleses de la 5.ª división y de la 3.ª de Picton.
Justo cuando los Forlorn Hope estaban empezando el ataque, un centinela francés dio la alarma. En pocos segundos, los puestos de defensa se llenaron de soldados franceses, que vertían un granizo letal de fuego de mosquete a las tropas en la base de la brecha. Los británicos y los portugueses llegaron en oleada y corrieron hacia la muralla, encarando una asesina descarga de artillería de mosquetes y granadas, piedras, barriles de pólvora con plomo e incluso paquetes de heno ardiendo.
La descarga furiosa de artillería devastaba los soldados británicos en la muralla, y la brecha pronto empezó a llenarse con muertos y heridos, los cuales tenían que ser sorteados por las tropas de asalto. A pesar de la masacre, los casacas rojas continuaron llegando valientemente en oleadas de gran número, sólo para ser acribillados por descargas sin fin y metralla de granadas y bombas.
En sólo dos horas, unos 2.000 hombres habían muerto o habían sido heridos gravemente en la brecha principal, mientras un número indefinido de la 3.ª división fueron tiroteados en la maniobra de distracción. El propio general Picton fue herido mientras escalaba para intentar llegar a lo alto de la muralla. En cualquier sitio que atacaban, los soldados aliados fueron parados y la carnicería fue tan inmensa que Wellesley estuvo a punto de pedir parar el asalto, cuando los soldados finalmente se introdujeron en la muralla.

Diagrama del Sitio de Badajoz
La 3.ª división de Picton finalmente consiguió llegar a la zona de La Alcazaba, situada en la parte más alta de la población, donde los franceses tenían previsto refugiarse en el momento final.
Desde allí lograron enlazar con los hombres de la 5.ª división, quienes también estaban intentando adentrarse en la ciudad. Una vez que se introdujeron, los soldados portugueses y británicos estaban en gran ventaja numérica, y los franceses empezaron a retroceder. Viendo que no podían resistir más, el general Philippon se retiró de Badajoz y se dirigió al fuerte de San Cristóbal, situado en la orilla derecha del Guadiana donde, finalmente, depuso las armas.
Al éxito militar le siguieron saqueos en masa y desórdenes mientras los casacas rojas se emborrachaban, y pasaron unas 72 horas hasta que el orden fue completamente restaurado. Entre los civiles españoles que consiguieron sobrevivir estaban Juana María de los Dolores
de León, futura mujer del general Harry Smith, y su hermana.
Cuando llegó finalmente la mañana del 7 de abril, se reveló el horror de la matanza que rodeaba toda la muralla. Los cuerpos fueron apilados y la sangre discurría como ríos en las zanjas y trincheras. Cuando vio la destrucción y la masacre, Sir Arthur Wellesley lloró amargamente y maldijo al Parlamento Británico por concederle tan pocos recursos y soldados. El asalto y las escaramuzas anteriores habían causado en el bando aliado unas 4.800 bajas. La élite de la División Ligera había salido muy dañada, perdiendo un 40% de sus hombres. El asalto fue, sin embargo, un éxito, Wellesley había asegurado la frontera hispano-portuguesa y podía moverse ahora contra el mariscal Soult en Salamanca.
El saqueo de la ciudad de Badajoz a cargo de las tropas inglesas con posterioridad a la batalla, incluyendo violaciones y asesinatos indiscriminados de la población civil, se encuentra entre los más terribles y sangrientos acontecimientos de la Guerra de la Independencia.
FUENTE: WIKIPEDIA





