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Banderas Lusitanas

Para comprender correctamente el alcance de estos conflictos y su larga duración es preciso recordar que Roma había comenzado ya su política intervencionista en el Oriente mediterráneo, cuyo control y conquista drenarían parte sustancial de sus recursos y esfuerzos. En el 168 a.C. caía Macedonia y Roma actuaba señorialmente en Délos, Rodas, Pérgamo, Seleucia y, al poco, en el reino de Bitinia. Saqueaban las legiones Epiro; Macedonia e Iliria eran divididas en distritos sin personalidad política y cientos de rehenes de la Liga Aquea eran deportados al Lacio (167), Roma intervenía en Dalmacia (157), en Liguria (155), en Cartago, asediada (149) y destruida (146), contra los rebeldes residuales macedonios (149) y contra Corinto (146), atrozmente arrasada amén de las acciones desarrolladas contra vetones, vacceos y celtíberos en Hispania. La República se enfrentaba con problemas de magnitud imperial, nunca antes planteados, que alteraban su estructura y tradiciones. Surgían nuevas leyes contra la corrupción política y financiera (159, 149) o sobre el sufragio secreto en elecciones y tribunales (139, 137).

Las guerras lusitanas duraron ininterrumpidamente del 154 al 138 a.C. y coincidieron con las celtibéricas (153-151 y 143-133). Suelen estudiarse en dos fases, separadas por la intervención de Viriato (147). Según la verosímil interpretación romana, bandas de lusitanos realizaron incursiones en territorio sujeto a Roma en busca de botín y medios de subsistencia. Su jefe, Púnico, derrotó a los pretores Manlio y Pisón, matándoles a 6.000 hombres y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico logró que los vetones se le uniesen. Le sucedió en el mando, a su muerte, Césaro, que derrotó a Mumio (153), el futuro destructor de Corito, causándole 9.000 bajas e impresionando a los celtíberos, que se concertaron con él, aunque en el 152 firmaron la paz por separado con Roma. Mumio recuperó parte de la presa lusitana pero otro grupo organizado en el Tajo mandado por Cauqueno, entró en el Algarve, en tierras de los conios, y llegó, cruzando el Estrecho, hasta Arcila (Ocili), donde Mumio, que iba en su acoso, los exterminó y obtuvo del Senado la celebración en Roma de un triunfo solemne por la acción. El nuevo gobernador, Atilio Serrano, logró la paz tras algunos éxitos en combinación con su colega de la Citerior, Marcelo, que luchaba contra los celtíberos.

En el año 151, los lusitanos reanudaron las hostilidades verosímilmente buscando alguna posibilidad de supervivencia colectiva ante el continuado quebrantamiento de los compromisos asumidos por Roma. El gobernador Galba perdió 7.000 soldados en el contraataque y hubo de huir a Carmena para no ser capturado. Mientras invernaba en el Algarve, desarbolado su ejército, su colega de la Citerior, Lúculo, causó graves daños a los lusitanos.

En apariencia, el descontento lusitano estaba motivado por las brutales exacciones de los propretores romanos que actuaban como autócratas despejando su futuro político y económico sobre la base del expolio a los bárbaros de Hispania, lo que debían hacer en el breve plazo de catorce meses, duración de su mandato. La pobreza de parte del territorio lusitano y, sobre todo, la de sus áreas montañosas, sobrecargadas demográficamente, explican la actitud levantisca y pugnaz de los lusitanos. Cuando Galba decidió ofrecer a los rebeldes tierras donde asentarse y organizarse en tres comunidades políticas, y otros tantos lugares donde reunirse, desarmados, para proceder a las asignaciones, los lusitanos aceptaron el número que las fuentes calculan entre ocho y treinta mil. La ambición desmedida de Galba, que ya era riquísimo, al apoderarse inicuamente de los despojos lusitanos escandalizó al propio Senado, donde personajes como Catón y Cetego acusaron a Galba de impiedad y avaricia aunque sin fruto. Uno de los supervivientes, llamado Viriato, no olvidaría nunca lo sucedido. En el 148-147, los lusitanos volvieron a alzarse en armas, buscando medios de vida en el saqueo de la próspera Turdetania. Cayo Vetilio pudo hacerle frente y proponerle, de nuevo, un sistema de asentamiento que garantizara su supervivencia como colectividad. Fue Viriato quien temeroso de que Vetilio repitiese la infame conducta de Galba, disuadió a su pueblo de aceptar el pacto. Y, con un millar de hombres que decidieron seguirle, dio comienzo la segunda fase de estos conflictos mas conocidos con el nombre de Guerras de Viriato.

FUENTE: Guillermo Fatás Cabeza. Gran Enciclopedia Extremeña. vol. 5

Los Golfines, bandoleros de la guerra santa

El origen de los golfines no es precisamente noble, pues empezaron como bandoleros y salteadores de caminos, que ovejita a ovejita... terminaron creando bandas que eran auténticos ejércitos privados, puestos al servicio del que mejor pagara.

De origen centroeuropeo vinieron a estas tierras en una llamada a la guerra santa de Alfonxo VIII para luchar contra el moro, pero acabada la guerra, en lugar de marcharse se quedaron y se dedicaron fundamentalmente a robar ovejas, la fuente de riqueza en aquella época de Extremadura, tierra que por la pobreza de su tierra no daba para mucho más que pastos.

Toda esa riqueza se transformó en nobleza con el casamiento de uno de ellos con la hija del alcalde de Cáceres, llegando a su apogeo con el apoyo y la amistad que brindaron a los Reyes Católicos, que llegaron a hospedarse en su casa.


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La aparición de los golfines se diluye entre los siglos XII y XIII pudiendo ser calificados en definitiva como bandidos de frontera que encuentran en sus comienzos un amplio territorio entre la Mancha y Extremadura que se está repoblando, que aún son pocas las defensas. Y las espesuras del monte refugio seguro. Quiénes eran éstos, de dónde procedían o como se organizaron, son interrogantes que surgen después de introducir el tema.

Autores come José María Cuadrado, los define como: “vagos, malhechores, criminales, prófugos, hidalgos arruinados por el juego o por los vicios”. En 1327 se les titulaba como “… malhechores de la Jara o de los Montes”. Otros hablan de los golfines como “individuos marginados y empobrecidos a los que las perspectivas de ganancias fáciles empujan hacia la frontera”.

Formaron grandes grupos dispersos por el territorio comprendido entre el Tajo y Sierra Morena concentrando su actividad en los puertos del Milagro, Orgáz, Muradal, Miravete y otros. Alcanzaron tal número que según un documento del siglo XIV eligieron rey al legendario Carchena, caudillo que debía concentrar el poder y la autoridad sobre el resto de las bandas. Llegaron los golfines a constituir un serio peligro durante los reinados de Sancho IV (1284-1295)y Fernando IV (1295-1312)y las Cortes de Castilla tuvieron que intervenir a fin de proteger los concejos y territorios donde operaban estas bandas convertidas en verdaderos ejércitos organizados que se movían con entera libertad y con el apoyo de castillos, torres y villas bajo su dominio.

En la segunda mitad del siglo XIV retrocede la belicosidad de estas bandas con la fusión de las diferentes hermandades. La acción hermandina y el factor de reinserción social mediante perdones reales, y concejiles o prestación de servicios de armas como mercenarios, hizo retroceder en gran medida la actividad de los golfines.

FUENTES: fontanarejo.wordpress.com // alextur.net

Bandoleros de Sierra de Gata

Haciendo memoria de otros tiempos, resulta sugerente pensar que nuestra sierra fuera en tiempos escenario de escaramuzas bandoleras.

Aparte del halo legendario y lírico que siempre rodea al bandolero como prototipo de personaje romántico, rebelde y personificador de movimientos libres, nos cabe pensar paralelamente en una sierra más fragosa, con mayores arboledas y una naturaleza más salvaje en la que estos hombres se desenvolverían.

Con el actual aspecto semidesertizado que presenta gran parte de la sierra -sobre todo por los incendios forestales- hoy en día tal vez no encontrarían demasiado desahogo para poder esconderse.

Pero aparte de una presumible mayor fragosidad vegetal, lo que no ha variado es la disposición de los relieves. Cordales, collados, gargantas, cuevas, son elementos de una extensión de sierras diversas y continuaciones también montañosas tanto por Las Hurdes, al este, como por la Malcata portuguesa, al oeste.

Toda una cornisa para escudriñar, divisar y lanzarse al llano circundante por el norte y por el sur.

Otro aspecto que probablemente contribuiría al nacimiento y desarrollo de las cuadrillas sería la condición de frontera administrativa que ocupa la sierra. (...)

En áreas alejadas de los centros administrativos y de poder, los controles se relajan o no existen, conformándose una «tierra de nadie» propicia para las correrías.

Bajo esta idea podemos encuadrar las actuaciones de la cuadrilla de «El Semental», bandolero de origen portugués, que en 1842 tuvo un año movido: entre Cilleros, Moraleja, Casas de Don Gómez, Granadilla, Villanueva de La Sierra y Robledillo de Gata. Actuaban secuestrando a propietarios acaudalados, trasladados a Portugal y por los cuales exigía rescate monetario. Un vecino de Valverde llegó a pagar 35.120 reales por su liberación.

Estas circunstancias se agravarían en función de las condiciones políticas inestables y las veleidades deparadas por los conflictos bélicos en que se desenvuelve especialmente, el primer tercio del siglo XIX.

Al socaire del movimiento guerrillero frente a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia (1808-1812), hubo quienes aprovecharon el río revuelto. De las partidas guerrilleras a la marginalidad bandolera el paso era breve. Acabada la guerra se abre un periodo que política y socialmente da pie y consolida graves desigualdades sociales con movi¬mientos de balanza en el poder entre absolutistas y liberales, con distintas reacciones de grupos en los que era confuso discernir entre la rebeldía política y el mero buscarse la vida.

No podemos dejar de considerar, en este contexto de la primera mitad del XIX, la relativa prosperidad económica de la comarca de Sierra de Gata. Así podemos deducir de los comentarios que Pascual Madoz -en torno a 1845- refiere sobre la Sierra como «una de las comarcas más ricas de la provincia», riqueza que se sostiene sobre la variedad de producciones de la misma y el intercambio económico tradicional tanto con el llano como con «Castilla».

Y eran las rutas seguidas por estos intercambios, a través de los tradicionales puertos y calzadas, uno de los objetivos primordiales de las actuaciones bandoleras, perpetrando robos a arrieros y viajeros en general. Ello sin descartar los asaltos a casas de campo aisladas y los secuestros, ya mencionados. Siempre en grupos poco numerosos para tener mayor movilidad. A buen seguro que en estas condiciones se desenvolverían Silvestre Martín, alias «Manso», y Santiago Fernández, detenidos en San Martín de Trevejo en 1839.

Los esfuerzos de las autoridades por acabar con este tipo de actividades fueron diversos. Y será con la progresiva implantación de la Guardia Civil, creada en 1844, cuando se empieza a controlar de manera más estricta lo que había sido tarea ocasional de los Cuerpos de Voluntarios Reales, dotaciones de escopeteros, milicias y columnas militares.

Así, en 1856 será capturado en Torre de Don Miguel Francisco Hernández «El Lobo», el último bandolero de Sierra de Gata.

Pedro Ollero
Antonio Mateos


FUENTE: AGATAE. Revista de la Sierra de Gata. 1991


La República corsaria de Rabat-Salé

Francisco Sánchez Ruano // Album Letras

La España del siglo XVII decidió terminar definitivamente con el secular problema de los musulmanes hispanos..., pues ciertamente tras nueve siglos de estancia en España parece difícil no considerar a los moriscos como españoles (sobre todo si recordamos que muchos de ellos ya no sabían el árabe, que la mayoría hablaba el castellano y que algunos eran más cristianos que musulmanes). Pese a que los moriscos estaban oficialmente convertidos al cristianismo -pues los reyes españoles violaron a lo largo del siglo XVI las Capitulaciones de Santa Fe, de noviembre de 1491, que estipulaban que los mudéjares podían conservar la religión musulmana-, la política timorata de la Corte de Felipe III decidió la expulsión de más de trescientos mil moriscos, excelentes agricultores la mayoría, sobre todo en Levante, donde su expulsión fue una auténtica catástrofe. Se argumentaron razones de política exterior como el temor a una hipotética invasión turca o francesa en la que los moriscos actuaran como quinta columna, y también influyó la intransigencia eclesiástica de la época -la Iglesia había concluido en la imposibilidad de asimilarlos.



Los hornacheros
El pueblo de Hornachos, a unos 50 kilómetros de Mérida, tenía fama en la Corte de Madrid, de estar poblado por moriscos fanáticos musulmanes que además acuñaban moneda falsa y salteaban los caminos. Los hornacheros habían comprado a Felipe II el derecho a portar armas, y como algunos de ellos eran arrieros, estaban bien informados; de ahí que se dijera que, en 1610, cuando les alcanzó el decreto de expulsión, se habían logrado llevar a Marruecos sus riquezas, que al parecer no eran pocas.

Aproximadamente tres mil hornacheros pasaron a Tetuán (ciudad que, por cierto, fue reconstruida por granadinos a fines del siglo XV, pues había sido destruida por Enrique III de Castilla y también de Portugal, hacia el 1400), en donde estuvieron breve tiempo, pues el Sultán Mulay Zidan decidió enviarles a la desembocadura del río Bu Regreg que, en el Atlántico, separaba la ciudad de Salé (importante puerto con los Benimerines) de "Ribat el Fath" (o Campamento de la Victoria, creado por el Sultán almohade Yakub al Mansur, en 1196, para celebrar su victoria de Alarcos contra el Rey de Castilla).

Tras la muerte del almohade, la ciudad, que contaba con una hermosa muralla y una gran mezquita -la Torre de Hassan-, fue decayendo y los benimerines la abandonaron en beneficio de Salé, en la orilla derecha del Bu Regreg que por cierto sufrió el ataque de la flota de Alfonso X El Sabio, en 1620. Es por lo que los hornacheros se encontraron con la ciudad de Salé, cuyo ambiente piadoso no les satisfizo y que además estaba dirigida por el morabito (santón) Sidi El Ayachi, adalid de la "Yihad", -guerra santa contra los españoles que ocupaban casi todo el literal atlántico marroquí-, por lo que pasaron a habitar la antigua "kasbah" (la ciudad fortificada, alcazaba, alcázar, fortaleza o castillo), semiderruida y en la margen izquierda del río.

El Sultán saadí les permitió que la fortificaran (había un Caíd o Jefe militar al mando de una guarnición mínima de unos 25 soldados), pues la etapa final de la decadente dinastía saadí se caracterizó por las luchas entre el Sultán de Marrakech, su sobrino Abdalá Ben Mamun -Señor de Fez- El Ayachi y los bereberes de Dilá, etc... Los hornaceros demostraron sus dotes de gente emprendedora y se aprovecharon al máximo de tales circunstancias, pues repararon la "kasbah", construyendo casas y baños, refortificaron la vieja muralla almohade, abriendo unos boquetes para los cañones (el Sultán les dio unos mosquetes y unos pocos cañones) y como tenían dinero pero, sobre todo, gran odio a la España cristiana que les arrojó de sus hogares, se convirtieron en armadores de una flota corsaria que en poco tiempo se constituyó en una auténtica pesadilla no sólo para los barcos españoles sino para los franceses, ingleses, holandeses, etc...

La gran personalidad de los hornacheros, junto a sus riquezas, les permitió concebir un plan para tener junto a ellos personas de su confianza, pues se sentían superiores a los marroquíes y pretendían independizarse del Sultán. Es por ello que decidieron localizar a los demás moriscos que vivían en Marruecos a quienes pagaron el viaje al Bu Regreg. En poco tiempo unos seis o siete mil moriscos de Sevilla, Cádiz, Llerena, Sanlúcar de Barrameda, Ronda, Córdoba, Granada, Málaga, Denia, Valencia, etc..., llegaron hasta el estuario del río. Pero los hornacheros no les permitieron convivir con ellos en la Alcazaba sino que les dejaron construir sus viviendas en los barrios de la actual Medina de Rabat (de ahí que la Medina sea una auténtica construcción morisca y principalmente andaluza).

Construcción de Rabat y la muralla andaluza
Desde entonces cabe decir que existieron en Rabat tres agrupaciones bien definidas: Salé (que se la denominó la Vieja para diferenciarla de la Medina), el Alcázar o Castillo y la Medina o Salé el Nuevo (actualmente Rabat pues este topónimo data del siglo XVIII cuando el Sultán alauí Mulay Ismail la llamó así).

El plan de los hornacheros para independizarse del débil Sultán iba a ser llevado a cabo paulatinamente a medida que sé modificaban las relaciones de fuerza.

El Alcázar estaba protegido por el mar, por el río Bu Regreg (probablemente a lo largo del río, en algunos sitios, los moriscos elevaron una muralla en donde había más peligro), y al oeste por la muralla almohade. Encima de dos de sus puertas, la de Bab el Alu y Bab el Had, estaban los parapetos por donde salían las bocas de los cañones, por lo cual sólo el sur quedaba desguarnecido. Es allí donde se edificó la denominada "muralla de los Andaluces" que partiendo de la puerta de Bab el Had se alarga al oeste y llega al "borj" (Bastión) llamado Sidi Makhluf en honor de un morabito que fue patrón del río y los barqueros, al parecer un judío convertido al Islam y al que los musulmanes atribuyen milagros.

La muralla morisca es de calidad bastante inferior al muro almohade pues mientras éste se construyó en hormigón, el de los moriscos tiene hormigón en algunos de sus tramos pero frecuentemente sólo ladrillos, o piedras, etc.., pero combinándose estos elementos con una fantasía increíble. Los moriscos tuvieron que hacerla muy deprisa, ya que tenían muchos enemigos. Quedan unas 25 torres oblongas y hubo más antes del establecimiento del "protectorado" francés, en 1912; el "borj" Sidi Makhluf es una gruesa torre que da al acantilado sobre el Bu Regreg.

No es de extrañar que no queden monumentos de la época morisca, pues sólo permaneció medio siglo como "República" corsaria, obviamente mucho menos tiempo que los almohades. En lo relativo a la Medina, ésta presenta un plano de una regularidad ignorada en las antiguas ciudades arabo-musulmanas lo que es debido exclusivamente a la influencia morisca. La Alcazaba fue totalmente reconstruida por hornacheros y moriscos, coincidiendo todos los documentos europeos en que estaba muy bien fortificada.

La influencia de los moriscos se ve tanto en la arquitectura como en el mobiliario. Por ejemplo, la mayor parte de las puertas de las casas de Rabat se adornan con motivos traídos de España como son arcos rebajados o en medio punto, de piedra esculpida, reproduciendo tipos del Renacimiento español. En las variedades más ricas, el arco posee un encuadramiento rectangular realzado hecho con un falso dintel, con soporte de columnatas'.

La República Hornachera
El "muezzzin" (almuédano), me despierta con su llamada a la oración y empuja mi imaginación a ver como los hornacheros van organizando el corso, con una primera ayuda del Sultán Mulay Zidan que, desde 1616, les suministró armas, pertrechos, municiones, etc.. También recibieron ayuda del morabito Sidi El Ayachi quién, dominando Salé y buena parte del norte marroquí, era el verdadero jefe de la "Yihad" o guerra santa contra las posesiones españolas en la costa atlántica. Si tenemos en cuenta que los holandeses ofrecían a los corsarios moriscos armas, municiones, utillaje para los barcos y —lo que es más importante— técnicos que calafateaban los barcos corsarios en, los astilleros, se comprende mejor el conflicto que iba a ensombrecer durante muchos lustros el tráfico marítimo de las potencias navales europeas. El odio a los españoles cristianos no fue obstáculo para que los corsarios de Salé pronto extendieran sus actividades a los barcos franceses, ingleses e incluso holandeses. El cúmulo de factores fue tal que haría las delicias de los más ávidos espectadores de películas de piratas o lectores de novelas de corsarios.,..

A medida que el corso fue en auge, todo tipo de aventureros y renegados europeos, así como judíos y comerciantes cristianos que buscaban su beneficio en el comercio con los corsarios —comprando a muy bajo precio las mercaderías capturadas en el mar y revendiéndolas luego en Europa a cuatro o cinco veces el precio que habían pagado-, llegaron a Salé; sobre todo tras la captura por España de La Mamora (hoy Mehedia). Es realmente a partir de esta fecha, 1614, cuando comenzó el auge de los corsarios.

El Sultán pudo nombrar, en 1624, como "Almirante; de Salé", a un renegado holandés, Jan Jans-sen, que se convirtió al Islam, casándose con una marroquí (aunque estaba casado en los Países Bajos, y con hijos), y que adoptó el nombre de Morat Rais, con el cual pasó a la historia. Rais en árabe significa "capitán" y por extensión "jefe". El era el único no hornachero en participar en las sesiones del "Diwan" (Cabildo), con voz y voto, en tanto que técnico o responsable de la flota corsaria. Los hornacheros estaban organizados en una especie de Consejo de Estado o República, según el modelo del Cabildo español, compuesto por catorce miembros de las familias más ricas y poderosas. El modelo sería el de las ciudades estado italianas de entonces: Venecia, Genova, Livorno, etc...


En 1626, los hornacheros ya habían conseguido que el Sultán echara al Caíd que mandaba el retén de soldados de la Alcazaba, y en 1627, aprovechando la muerte de Mulay Zidan y la decadencia de la dinastía saadí, expulsaron o mataron al nuevo Caíd, Adyib, y se negaron a pagar ningún tributo al "Makhzen". Hasta entonces, los hornacheros, como armadores de la flota corsaria, se quedaban con la mitad de los beneficios -presas marítimas, rentas de aduanas, etc..- mientras que la otra mitad se destinaba al pago de tripulaciones, armas, fortificaciones, etc.., restando un diez por ciento para el Sultán como tributo. Pero a partir de 1627, los hornacheros, apoyados en los otros moriscos, constituyen una "República" gobernada por el "Diwan" o Cabildo, cuyos miembros elegían cada mes de Mayo a un Gobernador o Capitán General de la "Fortaleza" o Castillo. (Toda su documentación se realizaba en el español de la época).

El primer gobernador fue el hornachero Abd-el-Kader Cerón. El incremento del corso se notó a la vez que el país más perjudicado en ese momento, Francia, decidió intervenir, enviando el Cardenal Richelieu nueve barcos mandados por I. de Razilly.

El 20 de Julio de 1629, la flota de Razilly llegó ante la Fortaleza, comenzando el cañoneo que fue respondido por los setenta cañones del Castillo. Si los hornacheros resistieron bien el asedio, tras los inexpugnables muros construidos por los almohades, los moriscos lo sufrieron más duramente. Es por lo que ya a fin de Septiembre se produjo un violento tiroteo y cañoneo de los hornacheros contra los moriscos 'de la Medina que pretendían traspasar la plaza de la Higuera y protegerse en el Castillo. El Ayachi apoyó indirectamente a los moriscos, pues quería apoderarse del Castillo, y esta circunstancia obligó a Cerón, como Gobernador, a firmar una tregua con Razilly en el mes de Octubre, por la que liberaba a los cautivos franceses a razón de 265 libras por cautivo. Esta tregua fue ampliada a dos años más, en 1630.

El excesivo egoísmo de los hornacheros, al permitir a los moriscos que vivieran del cultivo de los campos anejos y del comercio agrícola, pero sin darles parte en los beneficios que reportaba el corso ni permitírseles la entrada en el Castillo, fue una de las principales causas de la pérdida de su hegemonía en beneficio de los propios moriscos y en definitiva de la pérdida de la única "República" de la época del mundo afro-árabe y del hundimiento de este único experimento morisco en el mundo árabe. En 1630 los moriscos consiguieron cercar a los hornacheros. El Ayachi apoyó en esta ocasión a los sitiados hornacheros por creerlos más musulmanes que a los demás moriscos —a quienes denominaba los "Cristianos de Castilla"- de los que temía que pudiesen llegar a dominar la fortaleza. Cogidos ahora por la espalda, los moriscos aceptaron la mediación de un morabito de Chella -ruinas romanas en las afueras de Rabat-, que consiguió un acuerdo entre ambos bandos por el cual los moriscos pasaron a formar parte del Cabildo a partes iguales con los hornacheros y participarían de las rentas de aduanas y presas marítimas.

De momento había paz entre todos los moriscos pero esto no era del agrado de El Ayachi. En efecto, el líder de la "Yihad" no vio con buenos ojos un acuerdo que le apartaba de los beneficios del corso y aduanas, además de que no veía un espíritu combativo contra los españoles de los cercanos puertos de La Mamora y Larache (que además ocupaban Arcila, Tánger y Mazagán). Por estas y otras razones propuso al Cabildo que le proporcionara armas y subsidios para combatir al Imperio español. Como hubiera reparos para ello por parte morisca, El Ayachi consiguió de los ulemas (doctores de la Ley musulmana) una "fetua" (decreto religioso) por la cual: "...era lícito luchar contra los andaluces que habían perjudicado a Alá y su Profeta".

Consecuencia de ello es que El Ayachi cercó la Medina y el Castillo en Julio de 1631, alegando que deseaba restablecer la autoridad del nuevo Sultán, quién, a su vez, recibió protestas de fidelidad de los moriscos que denunciaban a El Ayachi por su ambición de poder. El Sultán El-Ualid, hijo de española, vio así la oportunidad de asentar su poder en ambas orillas del Bu-Regreg y El Ayachi tuvo que levantar el sitio en Octubre de 1632.

Hegemonía morisca
Transcurrieron años de paz, con el corso en auge y sin que las flotas europeas pudieran impedirlo.

Mientras tanto hornacheros y moriscos continuaban sus rencillas. En el verano de 1636 los moriscos rompieron el acuerdo firmado cinco años antes y aprovechando la boda de un hornachero y una morisca, el gobernador morisco El Caceri tomó el Castillo desprevenido con un grupo de moriscos armados y encarceló a los principales hornacheros. Muchos de ellos huyeron a Argel y Túnez mientras que otros se ponían bajo la protección de El Ayachi en Salé el Viejo y algunos se quedaban viviendo en la Medina. Comenzaba el período morisco de la "República" corsaria y El Caceri lo inauguró atacando a su rival El Ayachi.

En 1637, el jefe morisco construyó un puente de barcas sobre el Bu-Regreg para terminar con el enemigo jurado de los moriscos. Y mal lo hubiera pasado El Ayachi, con poca artillería frente a la morisca, de no haber sido por la ayuda cristiana... Efectivamente, recurrió a los ingleses y Carlos I envió una flota al mando del almirante Rainsborough (cuyo principal objetivo era liberar a los cautivos ingleses), la cual destruyó a cañonazos el puente de barcas. El inglés cedió algunos cañones a El Ayachi, con sus dotaciones inglesas, que ahora cañonearon a los moriscos a la defensiva. A su vez, Rainsborough levó anclas, en agosto, al conseguir el rescate de los cautivos ingleses.

Sin el bloqueo inglés, el cerco de El Ayachi al Castillo se hizo más soportable, pues España ayudaba a los moriscos de El Caceri con vituallas y municiones. Tras recibir un tiro mortal, el jefe morisco dejó a su hijo como gobernador del Castillo en enero de 1638. Este pidió ayuda al Sultán, que le envió 350 soldados mandados por el renegado francés Morat François. El Ayachi entendió que nada podía hacer por lo que, en abril, llegó a un acuerdo con los moriscos sobre la base de que los hornacheros pudieran retornar a la Medina y recuperar sus hogares con sus bienes, etc... La paz no duró mucho pues los hornacheros, ayudados por mil árabes de El Ayachi, conquistaron la Medina, si bien fracasaron ante la defensa del Castillo por moriscos y soldados del Sultán. El Ayachi dejó a los moriscos sitiados por los hornacheros y se fue a guerrear contra los portugueses de Mazagán.

El bloqueo de los hornacheros, para recuperar "su" Castillo, se reveló ineficaz debido a la ayuda de los barcos españoles y del Sultán. Los moriscos jugaron una nueva carta al pedir la ayuda de la "Zawiya" de Dilá, que era una hermandad de bereberes del alto Muluya.


El protectorado de Dilá
De las tres potencias que se disputaban el poder en Marruecos, el Sultán de la decadente dinastía saadí, El Ayachi como "muhaidin" de la "Yihad" y Mohamed el Hajj, señor beréber de Dilá, iba a ser este último el que se impusiera basándose en su "Zawiya" cuyo poderío religioso-étnico se reveló bastante fuerte. Un primer intento de mediación entre El Ayachi y los moriscos no sirvió por lo cual el Señor de Dilá obligó por la fuerza a los hornacheros a levantar el cerco del Castillo (fin de 1640). Luego se presentó como defensor de los derechos del Sultán (lo que también hacia El Ayachi cuando le convenía), y el choque entre ambos fue inevitable. Los primeros éxitos de El Ayachi fueron anulados por una traición de los árabes khlot que le asesinaron el 30 de abril de 1641. Su cabeza fue paseada en triunfo en medio de los gritos de júbilo de los moriscos por las calles de Salé el Nuevo y su Castillo.

Pero, como España había perdido el imperio ultramarino portugués (la definitiva independencia de Portugal data de Diciembre de 1640), ya no podía interesarse por la plaza de Salé y su Castillo, por lo que el Señor de Dilá animó a los hornacheros a que atacaran a los moriscos en 1644, bloqueando los barcos dilaítas la salida al mar de los moriscos y consiguiendo su rendición. Mohamed el Hajj aprovechó la ocasión que buscaba para echar del Castillo a moriscos y hornacheros y dejar una guarnición beréber. A partir de entonces, su hijo, Sidi Mohamed, sería quien mandara en el Castillo con el título de. "Príncipe de Dilá".

Moriscos y hornacheros continuaron con el corso, que ahora fue más floreciente debido a los largos años de paz que sucedieron, pero todos ellos soportaban mal a los incultos bereberes por lo que se rebelaron contra ellos tras el asesinato del Sultán en 1659.

Gailán y el fin de la "República"
Tras la muerte de El Ayachi, su lugarteniente, el morisco Ahmed el Jadir ibn Gailán al Andalusí, se negó a reconocer la "Zawiya" de Dilá y continuó la lucha en el norte de Marruecos hasta que la muerte del último saadí le animó a intentar la conquista de ambos Salé y el Castillo (lo que el historiador francés De Castries denominó "las tres agrupaciones republicanas del Bu Regreg", afirmando que seguir de cerca todas sus intrigas y contraintrigas era tan difícil que hasta los mejores especialistas se confundían).

En febrero de 1660 los moriscos se juramentaron para sacudirse el yugo de los bereberes (por otra parte relativamente suave si nos atenemos a los beneficios obtenidos por el corso en tal período), y cercan el Castillo. Gailán derrotó, en octubre, al Señor de Dilá, y la suerte del Castillo pareció decidida a no ser por algunos barcos europeos que le aprovisionaron. El príncipe Sidi Abdala, errotado su padre, huyó del Castillo en un buque inglés, en 1661, tras dejar como gobernador a Ahmed Genui.

Este sólo pudo aprovecharse de las disensiones entre los moriscos hasta que Gailán envió a su hermano Sidi Tahar, que llegó a un acuerdo con Genui, en abril de 1664, para repartirse los beneficios a partes iguales entre las "tres repúblicas", situación que Gailán ratificó unos meses después hasta que, en marzo de 1665, decidió expulsar del Castillo a Genui y los soldados bereberes que lo custodiaban desde 1644. Pero poco le duró su gozo pues la nueva estrella ascendente del panorama político marroquí eran los alauitas quienes, desde el Tafilete, fueron derrotando a saadíes, bereberes de Dilá, y al mismo Gailán, en junio de 1666.

Tras su derrota y sin pegar un tiro, el Sultán Mulay er-Rachid (verdadero creador de la dinastía alauita), entró en ambos Salé y el Castillo. El Gobernador del Castillo y Salé el Nuevo, Abd-el-Kader Merino, y el de Salé el Viejo, Mohamed Fennich, -que habían sido destituidos por Gailán en 1665—, fueron restituidos a sus cargos. El corso siguió cada vez con menor autonomía para los moriscos, hasta su definitiva desaparición en 1830 por la acción eficaz de Europa.


Relaciones con España
Si el corso o la piratería (desde 1627 a 1644 los moriscos y hornacheros fueron totalmente independientes en sus beneficios), fue la verdadera actividad de los habitantes de la 'República" del Bu-Regreg, no es menos cierto que tanto unos como otros intentaron acuerdos con el Imperio español para volver al país que los expulsó.

Ya en 1619 el Gobernador Mascarenhas, desde Mazagán, dijo al mismo Felipe III que negociaba con los hornacheros la entrega de la Fortaleza a España. En 1626, Felipe IV autorizó en una cédula a los españoles a comerciar con los moriscos con carácter excepcional. En 1631, los moriscos dan un paso definitivo al proponer al duque de Medina Sidonia, Capitán General del Océano, la entrega de la Fortaleza y la Medina, con sus armas, municiones.y riquezas de los comerciantes judíos y holandeses, a cambio de volver a Hornachos con los privilegios que tenían antes de la expulsión y recuperar a los hijos de corta edad (que estaban con los cristianos), aceptando ser adoctrinados en la cristiandad y comprometiéndose a matar a El Ayachi antes de salir del Bu Regreg. El Consejo de Estado rechazó la propuesta pues el Imperio español era entonces poderoso y le repugnaba tratar con musulmanes. Posteriormente, Felipe IV y su confesor estuvieron de acuerdo, pero el Consejo de Estado siguió rechazando el trato con los moriscos.

En 1637, el duque de Medina Sidonia llegó a un acuerdo con los moriscos para tomar el Castillo enviando 500 soldados desde La Mamora, pero El Caceri lo impidió al volver al Castillo con el apoyo del Sultán. En 1638, el hijo de El Caceri estaba dispuesto a entregar el Castillo a España, ante el duro cerco de El Ayachi, pero el Caíd Morat François se negó a la entrada de unos 600 soldados españoles. Curiosamente, en 1660, el Príncipe de Salé propuso al Gobernador de Ceuta, marqués de los Arcos, la entrega del Castillo con la única condición de permitirle elegir una ciudad en el norte de África donde retirarse, pero España ya no tenía plazas en el Atlántico marroquí y además tenía un acuerdo con el Gailán, por lo que éste se opuso al ver la debilidad de su adversario. La facilidad con que los moriscos se entregaron al alauita demuestra lo agotados que estaban ya de tantas guerras, cercos, golpes de Estado, etc...

Relaciones con la Europa cristiana
En los diez primeros años de la "República", los moriscos tuvieron quince millones de libras de beneficios (de 1627 a 1637), capturando unos mil barcos cristianos de todo tipo y llegando a mantener en sus "matamoras" (mazmorras), hasta más de seis mil cautivos. Richelieu envió cuatro flotas al mando de los almirantes Razilly, Du Chalard y Sourdis, mientras que Inglaterra envió a los almirantes Rainsborough (con Carlos I) y R. Blake (con Cronwell). Por su parte, aunque las relaciones con los Países Bajos fueron las mejores, hubo veces en que los corsarios no respetaron los acuerdos firmados por el Cabildo, por lo que Holanda envió varias flotas al mando de Van Cant, en 1649, Van Gaelen y de Wílt, en 1650 y 1657. Lógicamente, los moriscos no cumplían sus tratados pues si lo hubieran hecho el "negocio" se habría hundido.

Tampoco hay que considerar que eran los únicos piratas pues las potencias europeas no sólo luchaban contra los musulmanes (también había muchos cautivos remando en las galeras cristianas), sino entre sí y especialmente contra España por tener entonces el imperio más poderoso. En 1658 el marino corsario mallorquín Jaime Llorena mandó buques para saquear Salé.

Impotente para terminar con el corso, Europa mantuvo unos cónsules en la Medina (Salé el Nuevo). Los corsarios llegaron a tener hasta sesenta barcos de pequeño calado para poder entrar sin problemas en el estuario del Bu Regreg y burlar así la persecución de los pesados barcos de guerra europeos. Sobresalían los bergantines, caravelas, galeones, fragatas, tartanas, pinazas, etc..., con dos o tres mástiles con velamen y unos doscientos hombres de tripulación media y unos diez o veinte cañones según los casos. Los corsarios solían vestir con capa blanca y calzón rojo y las tripulaciones no tenían paga fija (su "trabajo" era por comisiones según las presas). Cuando se respetaba al Sultán o a Dilá, el diez por ciento iba para tal autoridad, mientras que el 40 era para el armador o rais y el 50 iba a la tripulación compuesta por oficiales (la mayoría de ellos moriscos y renegados), y la compañía de abordaje que eran los soldados que atacarían con todas las armas a los desprevenidos buques europeos. Los marineros solían ser esclavos cristianos. Los corsarios llegaron no sólo a las Canarias o costas peninsulares sino a las Islas Británicas, Islandia e incluso Terranova. Solían usar todos los trucos imaginables y en el caso de barcos es pañoles el idioma les daba muchas facilidades para el, abordaje, mientras que con otros europeos usaban pabellones de barcos aliados, o atacaban aprovechando la inferioridad del adversario y huyendo rápidamente si se trataba de un barco de guerra. Su grito en las costas andaluzas: "Rendíos perros cristianos a los de Salé!", hizo que -como dice Cervantes- muchos cristianos vieran salir el sol en España y ponerse en Tetuán.

Ante lo que para muchos no dejó de ser una proeza, si tenemos en cuenta la moral de aquellos tiempos, no es de extrañar las palabras de F. de Carranza en 1931 en "La Guerra Santa por mar de los Corsarios Berberiscos", en que, al referirse al colonialismo francés afirmaba: "...lo más lamentable es que, por nuestra torpeza, esa Alcazaba ni es morisca ni tampoco española y sobre aquel almirete flotan unos colores que se despegan y recuerdan un alarde de reclamo colonial que humilla a todo el que en mayor o menor proporción lleve en sus venas sangre africana".



Los Muchachos de Santibáñez

Iniciaron sus andanzas como guerrilleros, combatiendo al invasor napoleónico, y se hicieron bandoleros al fallarles su país.




En el bicentenario del levantamiento español contra las tropas napoleónicas, no podemos dejar de lado a extremeños que, como guerrilleros, dieron más de dos quebraderos de cabeza a la francesada. Aunque no haya muchos documentos que hablen sobre sus andanzas, quedan en la memoria colectiva de algunos pueblos del norte cacereño hechos, devenidos en legendarios, que protagonizó la cuadrilla guerrillera en los parajes de 'La morisca' y 'La puente de piedra', de Montehermoso, y en 'El cancho de la silleta', en las sierras de Cañaveral. Incluso se habla de la emboscada que tendieron a los franceses por los arcabucos que rodean la ermita de 'Los Antolines', por la que los gabachos dieron fuego a Guijo de Galisteo, pasando a conocerse vulgarmente desde entonces como El Guijito Quemao.Al parecer, varios guerrilleros fueron condecorados, recibieron honores militares y fueron considerados como héroes en sus pueblos.

Pasados los años, estos guerrilleros, defraudados porque no se les otorgaban ciertos bienes de los llamados de 'manos muertas' que se les habían prometido, se echan al monte. Según la tradición, habían prometido entregarles para su roturación, siembra y disfrute las fincas 'La Ahigaleja' y 'Cuarto Real'. El incumplimiento desembocó en la legendaria cuadrilla de 'Los Muchachos de Santibáñez', llamada así por ser la mayoría de sus miembros de Santibáñez el Bajo.

Prestigiosos historiadores han estudiado, desde diferentes enfoques, la vida y hechos de estos guerrilleros, devenidos en bandoleros decimonónicos. Se encargó de insuflarles conciencia social y un programa muy avanzado para aquellos años un curioso personaje, hijo también de Santibáñez, llamado José Montero y Montero, motejado 'El Cura Moro", ya que, al parecer, el clérigo tuvo bastante que ver con el sector más progresista de las Cortes de Cádiz. Algunos han denominado a los integrantes de esta banda como los primeros anarquistas extremeños, por su furibundo antiabsolutismo y su profundo antiliberalismo. Investigadores extremeños, como Fernando Flores del Manzano, María Jesús Merinero y Manuel Pecellín Lancharro han analizado, igualmente, los avatares de esta cuadrilla. Pecellín, al hablar de ellos dice: «Aquí se encuentran todos los rasgos de ese bandolerismo, típico en las zonas rurales, bien estudiado por Marx y Bakunin, como fenómeno de protesta social primitiva ante unas estructuras económicas precapitalistas, radicalmente injustas; para combatir a las cuales aún no existen organizaciones colectivas como los partidos políticos y sindicatos obreros».La historiografía oficial de la época, impregnada de maniqueísmo, los ha pintado como asesinos y facinerosos, pero hay que tener presente que la historia la escriben los vencedores.

Una partida como la de 'Los Muchachos', que pretendía socavar todo lo que conllevaba la tiranía absolutista y que recibía el apoyo unánime de las clases más desfavorecidas, era un cáncer que había que erradicar. De aquí la terrible represión que cayó sobre el lugar de Santibáñez el Bajo, con varios de sus hijos e hijas condenados a garrote vil, a cadenas perpetuas, al destierro o a pagar importantes sumas monetarias, sin que se libraran tampoco otros pueblos pertenecientes a la Villa y Tierra de Granadilla o de otras comarcas aledañas.



19.12.2008 - FÉLIX BARROSO GUTIÉRREZ



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